Cuba normaliza los apagones en el día a día: una rutina que ya marca la vida de millones

Los cortes eléctricos dejaron de ser una excepción en Cuba. Se han convertido en un hábito forzado que condiciona horarios, comidas, sueños, trabajos y hasta el carácter de la gente. La población reorganiza todo lo que puede para convivir con una inestabilidad que ya no sorprende, aunque sigue afectando profundamente la vida diaria.

En muchas provincias el apagón no es un evento aislado, sino un bloque fijo dentro de la jornada. Se cocina cuando llega la corriente, se lava cuando aparece un respiro en la noche y se duerme cuando el calor lo permite. En medio de esa normalización, la información oficial no siempre acompaña, y las quejas crecen en igual proporción que el cansancio.

Un país apagado por tramos

Fuera de La Habana —donde las afectaciones suelen ser menores y más breves— el resto de Cuba vive jornadas de varias horas sin servicio. Las provincias centrales y orientales reportan los períodos más prolongados. La gente intenta anticiparse revisando canales institucionales, pero casi nunca existe un horario preciso ni un aviso a tiempo.

La crisis de generación, agravada por averías, mantenimientos constantes, falta de combustible y obsolescencia tecnológica, impide que el sistema pueda planificarse. Lo que hace unos años se comunicaba con relativa claridad, ahora se vuelve impredecible.

Cuando buscar respuestas también se vuelve un desgaste

La rutina se repite de un extremo a otro del país: revisar Telegram, llamar a los teléfonos de la Empresa Eléctrica, esperar una explicación y, en muchas ocasiones, recibir silencio, mensajes automáticos o datos incompletos. Esto sucede porque el propio sistema de atención está saturado. En líneas que atienden miles de llamadas cada día, apenas hay un puñado de operadores y respuestas limitadas.

Y aunque la población necesita saber cuánto durará el corte, qué circuitos serán afectados o cuándo regresará el servicio, muchas veces la empresa simplemente no tiene cómo predecirlo.

LEA TAMBIÉN:
Cambio de tiempo en Cuba: lluvias este jueves y marcado descenso de temperaturas desde el viernes

Sancti Spíritus como reflejo de una realidad nacional

El caso de Sancti Spíritus es un ejemplo que se repite en casi cualquier provincia. Los espirituanos se han acostumbrado a consultar su canal de Telegram y marcar el 18888 con la esperanza de encontrar una orientación que casi nunca llega.

La información que aparece hoy se limita, en la mayoría de los casos, a listas de circuitos apagados, avisos de averías, notas técnicas y reportes operativos difíciles de entender. Nadie puede anunciar horarios porque el déficit cambia de un momento a otro y obliga a desconectar zonas enteras sin planificación.

En la ciudad, circuitos como el 117, 112 o 115 cargan con más horas de apagón, lo que genera reclamos constantes y preguntas que nunca encuentran una respuesta clara sobre por qué existen tantas desigualdades entre unos sectores y otros.

Lo que el cliente no ve

Aunque la población se siente abandonada, la empresa enfrenta su propio límite. Los linieros trabajan jornadas prolongadas, sufren accidentes y regresan a hogares igualmente afectados. La infraestructura envejecida, la falta de piezas y la escasez de combustible colocan a los trabajadores en una posición donde solo pueden apagar incendios, nunca resolver el problema de raíz.

Sancti Spíritus cuenta con una unidad especializada en atención al cliente, oficinas municipales, canales digitales y presencia en redes sociales. Por esas vías se reciben reclamos por daños a electrodomésticos, aumentos de consumo, multas, solicitudes de servicio y trámites de metrocontadores. Pero la mayoría de esas gestiones dependen de recursos que hoy no existen.

A finales del 2024 quedaron pendientes alrededor de seiscientos cincuenta planteamientos. Algunos entraron al plan de este año y ya se resolvieron, pero la lista se renueva constantemente. Las provincias con más quejas registradas coinciden: Sancti Spíritus, Yaguajay y Trinidad.

LEA TAMBIÉN:
Bajan las temperaturas este 16 de enero en Cuba: parte del INSMET 

Adaptarse a lo que no debería ser normal

En medio de todo, lo que más llama la atención es la capacidad del cubano para adaptarse. Organizar el día según los apagones parece ya parte de la cultura cotidiana. Sin embargo, vivir así en pleno 2025 resulta alarmante. Las familias duermen con calor extremo, improvisan cenas a oscuras y pierden electrodomésticos caros a causa de fluctuaciones que nadie compensa de inmediato.

La Habana mantiene una ligera ventaja, pero tampoco escapa por completo. El resto del país transita una oscuridad extendida que se vuelve paisaje, aunque no debería serlo.

Lo inquietante no es solo la crisis eléctrica, sino cómo se ha instalado en la vida diaria sin perspectivas claras de mejora. La normalización del apagón, en lugar de disminuir, sigue creciendo como una sombra que acompaña cada decisión de los cubanos.