¿Subirá aún más el dólar en Cuba? Un mes de tasa de cambio oficial del Banco Central

La tasa de cambio oficial flotante del peso cubano muestra señales claras de debilidad apenas un mes después de su anuncio.

Lejos de consolidarse como referencia dominante, su evolución refleja problemas estructurales que limitan su impacto real en la economía.

Los datos más recientes confirman que el nuevo mecanismo no ha logrado frenar la depreciación del CUP ni recuperar la confianza en el mercado cambiario estatal.

El comportamiento observado se asemeja cada vez más al del mercado informal.

Un mes entre anuncios y medidas de emergencia

El economista cubano Pedro Monreal señaló que transcurrió un mes exacto entre el anuncio de la nueva tasa oficial flotante y la notificación del análisis y aprobación de planes para el paso al llamado Estado de Guerra.

Según su valoración, en ese corto período la tasa flotante ha librado una batalla “con penas y sin gloria”. La expresión resume la dificultad del esquema para ganar tracción en un contexto de alta inflación y restricciones productivas.

El anuncio oficial generó expectativas sobre una posible corrección de distorsiones. Sin embargo, los resultados iniciales muestran un escenario mucho más complejo.

El CUP también se deprecia bajo la tasa flotante

Hasta la fecha, el peso cubano se ha devaluado un 3,9 por ciento frente al dólar estadounidense dentro del propio mercado oficial. Este dato contradice la previsión gubernamental de que el nuevo mercado cambiario favorecería la recuperación del poder de compra de la moneda nacional.

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La depreciación, aunque menor que en el mercado informal, indica que el sistema oficial no está aislado de las presiones inflacionarias. La escasez de divisas, la baja oferta exportable y la desconfianza acumulada siguen pesando.

En la práctica, la tasa flotante no ha marcado una ruptura clara con las dinámicas previas. Más bien, reproduce tendencias que ya dominan fuera del circuito estatal.

Sin hegemonía en el mercado cambiario

Uno de los principales retos del nuevo esquema es su incapacidad para desplazar al mercado informal como referencia real. La mayoría de las transacciones relevantes continúa guiándose por precios no oficiales.

La limitada disponibilidad de divisas en el mercado estatal reduce su atractivo. A esto se suma la percepción de que la tasa oficial puede seguir ajustándose al alza, lo que incentiva la búsqueda de alternativas.

Sin hegemonía, la tasa oficial pierde capacidad para ordenar precios internos y contener expectativas inflacionarias. El resultado es un sistema fragmentado, con señales contradictorias para empresas y hogares.

Inflación persistente y señales preocupantes

El comportamiento similar entre ambos mercados refuerza la idea de que el problema no es solo cambiario. La inflación responde a desequilibrios más profundos, como el déficit fiscal, la contracción productiva y la dependencia de importaciones.

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Mientras estos factores no se corrijan, cualquier ajuste en la tasa de cambio tendrá efectos limitados. La experiencia reciente sugiere que el tipo de cambio oficial, por sí solo, no puede estabilizar la moneda.

La advertencia de Monreal apunta precisamente a ese núcleo del problema. Sin reformas estructurales y sin confianza, la tasa flotante corre el riesgo de convertirse en otra referencia debilitada.

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