¿Dónde comprar combustible en Cuba? Sigue empeorando la situación

La escasez de combustible golpea con más fuerza a Cuba. El racionamiento se ha extendido y cada día resulta más difícil llenar el tanque. Las opciones se reducen mientras aumentan los precios y las colas.

El impacto no solo afecta a conductores particulares. También complica el transporte público y los servicios privados. La incertidumbre crece en calles cada vez más vacías.

Gasolineras en pesos cubanos sin suministro estable

En muchas provincias, las estaciones que venden en moneda nacional han dejado de despachar gasolina con regularidad. Algunas permanecen cerradas durante días.

Otras abren pocas horas y sin previo aviso. Cuando llega el combustible, las filas se forman de inmediato. En cuestión de minutos se agotan los turnos.

Los conductores pasan horas bajo el sol sin garantías de poder repostar. En ocasiones, la venta se suspende antes de que avance la fila.

Estaciones en dólares y turnos virtuales

Las gasolineras que cobran en dólares siguen operando, pero con límites estrictos. El acceso suele gestionarse mediante aplicaciones móviles con listas de espera.

En algunos territorios, el turno puede tardar semanas o meses. El usuario recibe una notificación cuando le corresponde cargar.

Además, existe un tope de litros por vehículo. Esta restricción obliga a muchos choferes a planificar cada desplazamiento con cuidado.

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Diésel casi inexistente

El diésel resulta aún más difícil de encontrar. Varias estaciones que lo comercializaban han cerrado temporalmente.

Transportistas privados y pequeños negocios reportan largas jornadas sin poder abastecerse. Algunos han reducido rutas o paralizado servicios.

El efecto se siente en la movilidad urbana y en el traslado de mercancías. Menos combustible implica menos circulación.

El mercado informal dispara los precios

Ante la falta de oferta oficial, el mercado informal gana terreno. Allí el litro puede alcanzar cifras que representan una parte importante del salario mensual.

Muchos conductores descartan esta opción por su alto costo. Otros recurren a ella como última alternativa para mantener su actividad.

El riesgo y la inestabilidad marcan estas transacciones. No existe garantía de calidad ni de continuidad en el suministro.

Alternativas ante la escasez

Algunos ciudadanos optan por bicicletas o triciclos eléctricos. Sin embargo, los apagones dificultan la recarga de baterías.

Otros reducen desplazamientos o comparten vehículo para ahorrar combustible. Las decisiones diarias giran en torno al acceso a gasolina o diésel.

Por ahora, no existe un calendario claro de normalización. La situación evoluciona semana a semana y las condiciones cambian con rapidez.

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Quien necesite combustible debe informarse a diario sobre la disponibilidad en su municipio. Las colas tempranas y el seguimiento de avisos oficiales se han convertido en rutina.

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