El gobierno cubano impulsa la venta de kits solares mientras los apagones se extienden por todo el país.
Cada sistema cuesta más de 75 mil pesos cubanos. Para la mayoría de los trabajadores, el precio resulta inalcanzable.
En varias provincias, los cortes superan las 12 y hasta 16 horas diarias. La energía solar aparece como una salida ante la inestabilidad del servicio.
Sin embargo, el costo vuelve a evidenciar las limitaciones económicas que enfrentan muchas familias.
Según una publicación en Facebook de la Unión Eléctrica, el módulo de 800 watts tiene un valor de 75,200 pesos cubanos. El paquete incluye panel solar, seis metros de cable, conectores y una batería con salida de 1,200 watts.
Ese sistema permite sostener equipos básicos como un refrigerador, una arrocera o un televisor. No cubre toda la demanda de una vivienda promedio, pero ofrece respaldo durante los apagones más prolongados.
¿Quiénes pueden comprar paneles solares en Cuba?
La instalación forma parte de un programa dirigido, entre otros, a Héroes y Heroínas del Trabajo.
De acuerdo con cifras oficiales, ya se han colocado más de 130 módulos a personas con esa distinción, dentro de un plan que prevé beneficiar a más de 10 mil trabajadores.
El precio equivale a más de 20 salarios mensuales de un empleado estatal promedio. Para quienes dependen solo de ese ingreso, reunir esa cantidad resulta casi imposible sin apoyo externo.
Las autoridades aseguran que existen opciones de pago en efectivo o mediante tarjeta. También mencionan la posibilidad de recibir “apoyo familiar” para completar el monto. En la práctica, esto suele traducirse en remesas enviadas desde el extranjero.
El Gobierno también anunció exenciones arancelarias para la importación de paneles, baterías e inversores. A eso se suman beneficios fiscales de hasta ocho años para quienes inviertan en energías renovables.
Además, abrió la posibilidad de vender electricidad generada de forma particular a terceros. La medida busca ampliar la generación descentralizada en medio del déficit de combustible y el deterioro del sistema eléctrico.
En un país donde los alimentos se echan a perder por falta de refrigeración y el bombeo de agua se interrumpe con frecuencia, contar con un panel solar deja de ser un lujo. Se convierte en una necesidad básica.
Pero cuando esa necesidad supera los 75 mil pesos, el acceso a la electricidad propia queda condicionado a la capacidad de pago. En medio de apagones constantes, la autonomía energética parece al alcance de pocos.
