La temporada ciclónica de 2026 no será especialmente activa según las previsiones actuales. Aun así, los especialistas advierten que el riesgo sigue siendo elevado. Un solo sistema puede provocar daños significativos.
El comportamiento del clima en el Pacífico influirá directamente en lo que ocurra en el Atlántico.
El Niño marcará el desarrollo de la temporada
Los modelos climáticos apuntan a la formación de El Niño en los próximos meses. Este fenómeno aumenta la cizalladura del viento sobre el Atlántico.
Ese cambio dificulta que las tormentas logren organizarse. Por ello, se espera una menor actividad ciclónica, especialmente en la segunda mitad de la temporada.
“Dado que se pronostica que El Niño se desarrollará y fortalecerá a lo largo del verano y el otoño, es probable que esto se traduzca en un menor número de tormentas durante la segunda mitad de la temporada de huracanes en comparación con la primera mitad”, explicaron los meteorólogos.
Menos tormentas, pero cerca del promedio
Las previsiones sitúan la temporada entre 11 y 16 tormentas con nombre. De ese total, entre cuatro y siete podrían convertirse en huracanes.
También se esperan entre dos y cuatro huracanes de gran intensidad. Estas cifras se acercan al promedio histórico, aunque ligeramente por debajo.
A pesar de ello, los expertos insisten en que la cantidad no define el impacto real de la temporada.
Posibles impactos en Estados Unidos
Se estima que entre tres y cinco sistemas afecten directamente a territorio estadounidense. Estos impactos incluyen lluvias intensas, marejadas y vientos fuertes.
Las zonas con mayor probabilidad se ubican en el norte y noreste del Golfo de México. También destacan las Carolinas.
Otras regiones presentan menor riesgo, pero no quedan fuera del alcance de los ciclones.
Factores adicionales bajo vigilancia
El comportamiento de la temporada no depende solo de El Niño. La posición del anticiclón de las Bermudas influirá en la trayectoria de las tormentas.
Si se mantiene más hacia el este, favorecerá que varios sistemas se desvíen mar adentro.
El polvo del Sahara también puede limitar el desarrollo ciclónico en determinados periodos. A esto se suman las ondas tropicales que salen de África.
Riesgo de intensificación rápida
Las condiciones del océano siguen siendo un punto clave. Las aguas del Atlántico permanecen cálidas, incluso en capas profundas.
Ese calor actúa como fuente de energía para los ciclones. Puede provocar que una tormenta se fortalezca en poco tiempo.
Este comportamiento ha sido frecuente en los últimos años y preocupa a los meteorólogos.
Vigilancia desde el inicio de la temporada
Los expertos recomiendan no bajar la guardia. Incluso en temporadas moderadas pueden registrarse eventos extremos.
También se observa la posibilidad de sistemas antes del inicio oficial. Las condiciones actuales podrían favorecer un comienzo temprano.
La preparación anticipada sigue siendo la mejor herramienta frente a cualquier escenario.








