Un estudio reciente sobre apagones en Cuba y salud mental reportó niveles extremos de depresión, ansiedad y estrés en una muestra de 415 adultos de varias provincias.
Apagones en Cuba y salud mental, una alerta clínica reciente
Los cortes eléctricos prolongados en Cuba ya no aparecen solo como un problema de infraestructura o de comodidad diaria. Una investigación académica acaba de situarlos también como un factor asociado a deterioro emocional severo en parte de la población.
Según publicó Social Science & Medicine, el estudio analizó la relación entre apagones prolongados y síntomas de depresión, ansiedad y estrés en Cuba. Entre los autores se encuentran Yunier Broche-Pérez, de Prisma Behavioral Center en Florida, y a Zoylen Fernández-Fleites, de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.
La muestra incluyó a 415 adultos de varias provincias. Los datos fueron recogidos entre julio y noviembre de 2025, en medio de cortes eléctricos extensos y problemas de conectividad que obligaron a completar los formularios en momentos breves de acceso a internet.
El estudio mide ansiedad, depresión y estrés extremos
El reporte indica que más de la mitad de los participantes cayó en rangos extremadamente severos de depresión. También se registraron niveles críticos de ansiedad y estrés en una parte amplia de la muestra.
Uno de los puntos más sensibles del estudio es que el impacto no depende solo de la cantidad de horas sin electricidad. Los investigadores señalan que el daño emocional se relaciona con lo que el apagón impide hacer: cocinar, dormir, trabajar, estudiar, conservar alimentos, usar equipos o mantener rutinas mínimas dentro del hogar.
Ese matiz es importante para entender la vida diaria en Cuba. Un corte eléctrico largo no afecta igual a una persona sana que a un adulto mayor, a una familia con niños pequeños, a un paciente que necesita refrigerar medicamentos o a quienes dependen del teléfono cargado para comunicarse con familiares fuera de la isla.
La crisis eléctrica golpea rutinas básicas en los hogares cubanos
La investigación describe un escenario de alta demanda y bajo control. En términos prácticos, muchas personas deben reorganizar el día alrededor de horarios inciertos de electricidad, agua, cocción de alimentos, descanso y conexión.
Más del 77 % de los encuestados reportó dificultades graves para cocinar o conservar comida. Otro dato relevante es que cerca de tres cuartas partes señalaron problemas severos de sueño por calor y falta de ventilación.
El estudio también advierte sobre efectos en hospitales, escuelas, servicios pediátricos, unidades de cuidados intensivos y acceso al agua potable. En un país donde las familias ya enfrentan escasez de alimentos, medicinas y transporte, los apagones suman una presión adicional sobre la organización cotidiana.
Jóvenes y familias cargan con más presión diaria
Los autores identificaron que los adultos jóvenes presentaron niveles más altos de estrés y depresión que los mayores. La explicación apunta a presiones académicas y laborales interrumpidas por la inestabilidad del servicio eléctrico.
Para quienes viven dentro de Cuba, el dato útil está en reconocer que los apagones no solo dañan equipos o alimentos. También alteran descanso, comunicación, atención médica, estudio y trabajo, elementos que sostienen la estabilidad emocional de cualquier familia.
La investigación no sustituye una evaluación médica ni permite diagnosticar a toda la población cubana. Sí deja una señal clara: cuando la falta de electricidad se vuelve rutina, sus efectos pueden sentirse también en el sueño, el ánimo y la capacidad de manejar la vida diaria.













