Un joven cubano perdió la vida en la localidad de Río Piedras, municipio de Colón, Matanzas. Esto ocurrió tras ser impactado por un rayo mientras realizaba labores agrícolas.
La víctima fue identificada como Adriel Ferrera, de 28 años, confirmaron fuentes del Centro de Gestión para la Reducción de Riesgos y Desastres (CGRRD).
Un nuevo caso en Colón
La noticia ha causado conmoción entre vecinos, familiares y amigos. Ellos lamentan la repentina pérdida de un joven trabajador que salió al campo y no regresó a casa.
El municipio de Colón ya había registrado otra víctima el pasado 8 de agosto, cuando una mujer de 42 años falleció en circunstancias similares en la comunidad de La Luisa.
Una cadena de muertes por descargas eléctricas
La tragedia de Ferrera se suma a una serie de sucesos recientes vinculados a rayos en el occidente y centro de Cuba. El 3 de agosto, tres adolescentes murieron en Manicaragua, Villa Clara. Además, una menor resultó gravemente herida. En junio, dos jóvenes de 13 y 16 años fallecieron en Artemisa cuando jugaban fútbol bajo una tormenta.
Estos casos confirman un patrón que deja en evidencia la vulnerabilidad de la población ante las tormentas eléctricas, especialmente en áreas rurales donde las medidas de prevención son escasas.
Los rayos, la principal causa de muertes por fenómenos naturales
Datos del Instituto de Meteorología y del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente muestran que las descargas eléctricas constituyen la primera causa de muertes por fenómenos naturales en Cuba. Entre 1987 y 2017 se reportó un promedio de 54 fallecidos al año por este motivo.
Los especialistas advierten que los rayos pueden caer a varios kilómetros del epicentro de la tormenta. Por lo tanto, recomiendan buscar refugio inmediato en espacios cerrados o dentro de vehículos desde el primer trueno.
Una tragedia marcada por la falta de prevención
La muerte de Adriel Ferrera muestra no solo la fuerza impredecible de la naturaleza, sino también la falta de recursos y campañas preventivas que permitan salvar vidas.
En un país donde la población rural trabaja a la intemperie sin medios de protección, las descargas eléctricas se convierten en un riesgo cotidiano que cobra decenas de vidas cada año sin que existan programas efectivos de seguridad.