La narrativa oficial sobre el café en Cuba vuelve a contrastar de forma dramática con la realidad cotidiana de los hogares cubanos. Mientras BioCubaCafé S.A. presenta un discurso de «eficiencia, compromiso social y desarrollo sostenible» en las montañas del país, en las ciudades y barrios la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde está el café?
En miles de hogares cubanos el café ha dejado de ser un producto diario. El que tradicionalmente se distribuía por la libreta de abastecimiento no solo llega con atrasos constantes, sino que cuando aparece lo hace mezclado con chícharos u otros sucedáneos, una práctica que ya es asumida como normal por la población, pero que evidencia la precariedad del suministro.
Para muchas familias, el ritual de la mañana se ha convertido en una improvisación o en una renuncia obligada.
El discurso de BioCubaCafé S.A., fundada en 2023 como empresa mixta, destaca avances en el acopio, la incorporación de productores y la atención social a trabajadores y comunidades cafetaleras.
Es innegable que la empresa muestra una organización interna y una visión moderna del sector, con apoyo material a empleados, respuesta ante desastres naturales y lanzamientos de nuevos productos reconocidos en ferias nacionales. Sin embargo, esos logros aún no se traducen en un acceso real y estable al café para el consumidor promedio.
El mercado termina revelando la verdadera dimensión del problema. En las tiendas en divisas, un paquete de café de 250 gramos supera los tres dólares, un precio fuera del alcance de la mayoría de los cubanos que reciben salarios en pesos. En las mipymes o en el mercado informal, el café en grano puede costar más de 350 pesos cubanos la libra, cifras que convierten un producto cultural y cotidiano en un lujo ocasional.
Mientras se habla de soberanía alimentaria y de no descuidar el mercado nacional, la percepción popular es que el café de calidad no llega a la mesa del cubano común.
El contraste entre la imagen de progreso en las montañas, que asume el oficialismo y la escasez en las bodegas refuerza una sensación de desconexión entre los proyectos empresariales y la vida diaria de la población.
BioCubaCafé puede representar una semilla de cambio en el sector cafetalero, pero la verdadera consolidación llegará cuando ese café que hoy se exhibe como símbolo de innovación esté disponible, sin mezclas ni sobreprecios, en los hogares cubanos.
Hasta entonces, el café seguirá siendo un ejemplo más de cómo los anuncios optimistas conviven con una realidad marcada por la escasez y el encarecimiento de productos básicos.
