La Casa Blanca lanzó un mensaje directo y sin matices al gobierno de Cuba en medio de un escenario regional marcado por la tensión política y las negociaciones energéticas con Venezuela y la supuesta exclusión del gobierno de la isla. Durante una reunión encabezada por el presidente Donald Trump con líderes de la industria petrolera y miembros clave de su gabinete, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dejó claro que el margen de maniobra para el gobierno de Cuba se está agotando.
Las declaraciones se producen en un contexto especialmente delicado, con el foco puesto en la situación venezolana, la figura de Nicolás Maduro y el impacto que los acuerdos energéticos tienen en el equilibrio político del hemisferio.
En ese marco, Rubio afirmó que quienes detentan el poder en Cuba enfrentan una decisión histórica que definirá el futuro de la isla y de su población.
Según el jefe de la diplomacia estadounidense, el liderazgo cubano puede optar entre dos caminos opuestos: avanzar hacia un país funcional, con una economía real y oportunidades de prosperidad para su pueblo, o persistir en un modelo autoritario que, a juicio de Washington, ha demostrado su fracaso.
El mensaje no solo apunta a un cambio político, sino también a una transformación económica profunda que permita mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos cubanos.
Trump y Rubio presionan al régimen cubano con un mensaje directo desde la Casa Blanca
Como parte de esta estrategia, Rubio sostuvo un encuentro con Mike Hammer, jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba.
De acuerdo con una publicación oficial de la Embajada estadounidense en La Habana, la reunión abordó la situación actual de la isla y reafirmó el respaldo de Washington al cubano común, subrayando el interés de Estados Unidos en apoyar directamente a la sociedad civil.
Las reacciones desde el Congreso estadounidense no se hicieron esperar.
El congresista Mario Díaz-Balart, en una entrevista exclusiva con Telemundo 51, adoptó un tono aún más duro al referirse a cualquier posible diálogo con el gobierno cubano. Según el legislador, la única negociación viable con quienes controlan el poder en la isla sería una que tenga como eje su salida definitiva del gobierno.
Estas declaraciones refuerzan la postura de línea dura que mantiene un sector importante de la política estadounidense hacia Cuba, especialmente en un momento de reconfiguración regional.
El mensaje que emerge desde Washington es claro: el tiempo corre y las decisiones que se tomen ahora tendrán consecuencias duraderas tanto para el régimen cubano como para el futuro del país.
