Cuba enfrenta un arranque de enero con un sistema eléctrico bajo presión y con menos margen para sostener la generación.
La falta de combustible ya golpea la producción diaria y obliga a programar cortes prolongados en varias provincias.
A ese escenario se suma un factor externo que puede mover el tablero en los próximos días.
El suministro de crudo y derivados, clave para sostener parte de la generación, vuelve a quedar en el centro de la preocupación.
Un golpe adicional al suministro de combustible
La captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, confirmada por Donald Trump, abre un escenario de transición e incertidumbre en Venezuela.
Para Cuba, el impacto más inmediato sería energético, por su dependencia histórica del petróleo venezolano.
Según lo informado, Trump afirmó que Estados Unidos se encargaría de la producción petrolera de Venezuela.
Si ese control se concreta y cambia la dinámica de exportaciones, La Habana podría enfrentar más dificultades para garantizar envíos estables.
Cuba necesita importaciones para sostener su infraestructura energética. Se estima que requiere entre 110000 y 150000 barriles diarios para cubrir necesidades básicas de energía, pero los suministros han sido irregulares.
Las cifras de los envíos desde Venezuela y México
En 2024, Venezuela suministró alrededor de 24000 barriles por día a Cuba. En 2025, esos volúmenes tuvieron altibajos marcados, con picos de hasta 52000 barriles por día en septiembre y caídas a 8000 barriles por día en junio.
México ha sido otro proveedor relevante, aunque sus envíos también se redujeron. La información difundida señala una caída de 73 por ciento entre 2024 y 2025, con repuntes puntuales hacia finales de 2025.
Este patrón deja a Cuba con menos opciones para compensar faltantes. Cada reducción de combustible termina reflejándose en menos generación disponible y en más horas de apagón.
Un déficit de 1612 MW en el horario pico
El pronóstico de la Unión Eléctrica para el sábado 3 de enero sitúa el déficit del Sistema Eléctrico Nacional en hasta 1612 MW durante el horario pico. En el parte se describe una brecha amplia entre lo que el sistema puede generar y lo que demanda el país.
El reporte apunta que el sistema solo sería capaz de generar 1488 MW frente a una demanda estimada de 3100 MW. Con ese desfase, los cortes dejan de ser puntuales y pasan a ser estructurales.
Termoeléctricas fuera de servicio y mantenimiento acumulado
Las termoeléctricas, que sostienen la base del sistema, arrastran averías y limitaciones por combustible y mantenimiento. En el parte citado aparecen fuera de servicio la Unidad 5 de la CTE Mariel, las Unidades 1 y 2 de la CTE Felton, la Unidad 3 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes y la Unidad 5 de la CTE Diez de Octubre.
Además, se mencionan unidades en mantenimiento, como la Unidad 2 de la CTE Santa Cruz y la Unidad 4 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos. Cada salida reduce la capacidad real y obliga a cubrir con generación distribuida, que también depende de diésel y fuel.
Generación distribuida limitada y una lista larga de faltantes
El mismo reporte agrega que 88 centrales de generación distribuida aportarían solo 759 MW. También se menciona la Patana de Melones con 35 MW, igualmente afectada por limitaciones.
A esto se suma un dato que explica la fragilidad del sistema. La falta de lubricante habría dejado fuera de servicio 139 MW adicionales.
En total, se indica que 933 MW de capacidad de generación estarían comprometidos por falta de combustible. Esa cifra muestra que el problema no es solo técnico, sino también logístico y de abastecimiento.
El impacto directo en transporte, industria y vida diaria
Cuando la electricidad falta de forma intermitente, el golpe se extiende más allá de los hogares. El transporte público se resiente, los servicios se ralentizan y muchas industrias trabajan a medias o paran.
Los apagones también deterioran la conservación de alimentos y el acceso a agua, sobre todo en zonas donde el bombeo depende de la red eléctrica. En un contexto de escasez, cualquier interrupción prolongada agrava la tensión social.
El escenario recuerda episodios de alta inconformidad, como las protestas del 11 de julio de 2021. En aquel momento, la combinación de crisis económica y cortes eléctricos fue parte del detonante del malestar.
¿Qué puede cambiar si se corta el petróleo venezolano?
Si el flujo desde Venezuela se reduce más, Cuba tendría que buscar alternativas en un mercado que exige pagos y logística estable. Con envíos mexicanos también en descenso, la capacidad de reemplazo se vuelve más limitada.
El efecto inmediato sería una mayor dependencia de recortes, sobre todo en horarios de mayor demanda. A mediano plazo, el riesgo es un ciclo de apagones más largos y más frecuentes, con impacto directo en la economía doméstica y en la producción.
