El sistema de la canasta normada en Cuba está a punto de transformarse. En pocas semanas comenzará un modelo que dejará atrás el subsidio general a los productos. Millones de cubanos se verán afectados.
La medida llega en medio de una crisis económica y energética que sigue afectando el acceso a alimentos básicos en todo el país.
¿Qué cambiará en la distribución de alimentos?
El nuevo esquema plantea un giro en la política estatal. El Gobierno dejará de subsidiar productos y centrará la ayuda en personas específicas.
Esto implica que algunos alimentos de la canasta dejarán de venderse a precios uniformes. Pasarán a comercializarse con tarifas diferenciadas según el consumidor.
Las autoridades han defendido la medida como parte de su programa para reorganizar la economía y reducir gastos.
¿Cómo funcionará el subsidio directo?
El plan prevé que los sectores más vulnerables mantengan apoyo estatal. El resto de la población deberá acceder a productos con precios distintos a los actuales.
«Los productos van a estar controlados, liberados a la venta, pero a precios diferentes a los actuales de la canasta básica normada, donde se subsidiarán a las personas y no al producto», según información oficial divulgada en La Habana.
Aún no se han detallado qué alimentos entrarán en este sistema. Tampoco se ha explicado cómo se definirá quién recibe subsidio.
Un sistema histórico que entra en su etapa final
La libreta de abastecimiento funciona desde 1962. Durante décadas garantizó cuotas básicas de alimentos a precios subsidiados.
Aunque se pensó como una solución temporal, terminó convirtiéndose en un mecanismo permanente. En los últimos años, su alcance ha disminuido de forma notable.
Cada vez son menos los productos que llegan de forma estable a las bodegas.
Atrasos y escasez antes del cambio
El nuevo modelo se implementará en un contexto complicado. Persisten retrasos en la entrega de productos básicos en varias provincias.
En La Habana, alimentos como arroz, azúcar o chícharos han llegado de forma parcial. Otros productos, como huevos o café, casi han desaparecido de la distribución regular.
En algunos territorios, la situación es aún más crítica.
La crisis energética agrava el escenario
La falta de combustible sigue afectando la producción y distribución de alimentos. Esto impacta directamente en los mercados y en la vida diaria.
Vendedores y transportistas enfrentan dificultades para mover mercancías. “Hay cosas que faltan porque no pueden llegar, producto del racionamiento de combustible”, comentó un comerciante a EFE.
El encarecimiento del transporte y la inflación reducen la capacidad de compra de la población.
Más medidas para sostener el abastecimiento
Ante este panorama, las autoridades impulsan alternativas. Entre ellas, el uso de leña en panaderías y la reactivación de tierras agrícolas.
También se promueve el empleo de medios de transporte alternativos. Se incluyen triciclos eléctricos y tracción animal para servicios básicos.
Además, se busca aumentar la producción local para reducir la dependencia de importaciones.
Un cambio inminente en medio de incertidumbre
Con abril a la vuelta de la esquina, el nuevo sistema genera dudas. La falta de detalles sobre su aplicación mantiene la incertidumbre entre la población.
El reto será implementar el modelo sin agravar el acceso a alimentos en un contexto ya marcado por la escasez.








