El Chapuzón de Bayamo: qué queda del balneario tras la crecida del río

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El balneario El Chapuzón, en Bayamo, conserva apenas parte de sus instalaciones después de años de deterioro y de la crecida del río durante el huracán Melissa.

Un recorrido por las antiguas instalaciones

Juan Luis Vasallo Palomo, conocido como «El Quijote Bayamés», mostró el estado del lugar en un video difundido en Facebook. La cámara recorre el área donde antes funcionaban cafeterías y quioscos junto al río Bayamo.

Mientras camina, Vasallo Palomo señala uno de los espacios de venta: «Aquí antes era como una cafetería y vendían de todo. No faltaba de nada. Vendían jugo, yogur natural, bocaditos de casi todos los embutidos, croquetas».

El balneario El Chapuzón también era conocido como Las Vegas o Vegas del Río Bayamo. Durante décadas recibió a familias con niños y a jóvenes que acudían a bañarse y pasar el día junto al río.

El lugar contaba con un ranchón, varios quioscos, una tarima para espectáculos y cabinas de transmisión. La oferta de comida formaba parte de las visitas, según recuerda Vasallo Palomo: «Había muchas cafeterías, muchos merenderos y era barato, todo era barato».

El abandono previo y los daños de Melissa

El deterioro de El Chapuzón había comenzado antes de la inundación. Algunas instalaciones estaban degradadas y el espacio llegó a utilizarse para alojar a personas sin vivienda.

El 29 de octubre de 2025, el huracán Melissa impactó el oriente cubano y el río Bayamo se desbordó. La crecida alcanzó el área del balneario y se extendió hasta las inmediaciones de viviendas cercanas.

La cafetería principal quedó destruida tras la inundación. Los daños agravaron el estado de un sitio que ya había perdido parte de sus servicios recreativos.

Ante los restos de las instalaciones, Vasallo Palomo dice: «Esto es lo que va quedando aquí de lo que conocemos por el Chapuzón». Su recorrido permite distinguir el área que ocuparon las construcciones destinadas a recibir visitantes.

Recuerdos de los visitantes y ventas los sábados

Las imágenes suscitaron comentarios de personas que conocieron el balneario en otras épocas. Una seguidora lamentó la desaparición de las cabañitas de venta y escribió que el sitio ya no se parece al que dejó.

Otro usuario recordó las meriendas en la cafetería durante su infancia. Contó que iba al río todos los días con un grupo de amigos, una rutina asociada a los servicios que antes encontraba allí.

Parte de la actividad comercial permanece en la zona, aunque ya no corresponde a la antigua oferta del balneario. Algunos trabajadores han intentado rearmar quioscos pequeños. Los sábados llegan camiones para vender viandas y especias.


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