Recién comienza el 2026 y el pasaporte cubano se mantiene en la parte baja del Henley Passport Index. Ocupa el puesto 81 y ofrece acceso sin visa a 59 destinos internacionales.
Ello representa un leve retroceso respecto a años anteriores y lo coloca entre los pasaportes de menor alcance a nivel global, muy por debajo del poder de documentos europeos o latinoamericanos que permiten el ingreso libre a más de 150 países.
Esta movilidad limitada refleja la realidad de los cubanos que desean viajar cada vez más: solicitudes de visa prolongadas, trámites complejos y mayores costos. Asimismo, evidencia notablemente la poca libertad de movimiento frente a otros países de la región.
¿Qué es el Henley Passport Index?
No es más que un ranking global que mide la “fuerza” de los pasaportes de cada país según la cantidad de destinos a los que sus titulares pueden acceder sin necesidad de visa previa o con visa a la llegada. Elaborado por Henley & Partners, se basa en datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) y se actualiza de manera mensual para reflejar cambios en las políticas de visado alrededor del mundo.
Muchos emigrados deciden mantener el pasaporte cubano
A pesar de lo que se piensa, muchos emigrados optan por mantener el pasaporte cubano más por una decisión estratégica que sentimental. La normativa cubana exige que los ciudadanos de la isla ingresen al país con un pasaporte cubano vigente, incluso si poseen otra nacionalidad. Esto significa que, aunque un cubano haya adquirido otra ciudadanía, para regresar a Cuba debe presentar su pasaporte cubano válido. De esta forma, conservarlo permite a los emigrados visitar familiares, mantener vínculos y preservar ciertos derechos asociados a estancias breves en la isla.
Pero la situación también ha llevado a reflexionar sobre la doble nacionalidad. Muchos cubanos en el exterior evalúan si conviene priorizar pasaportes más poderosos, que faciliten la movilidad global y el acceso a más destinos sin visado, frente a la necesidad de conservar el pasaporte cubano para regresar a la isla. Para algunos, esta decisión no solo implica cuestiones prácticas de viaje, sino también la cautela de mantener vínculos formales con el país de origen, en un contexto donde expresar opiniones contrarias al sistema puede generar incertidumbre sobre las repercusiones al regresar.
