En Cuba el café es casi una religión. No importa si hay poco o mucho, si es temprano o ya va cayendo la tarde: siempre hay tiempo para un café. Y aunque la mayoría usamos la misma cafetera de aluminio de toda la vida —la moka italiana—, no todos la usamos de la mejor manera.
Los italianos, que llevan generaciones dominando el arte del café, tienen reglas claras para preparar uno bueno. Y lo mejor es que no requieren nada complicado, solo prestar atención a los detalles.
El primero radica en el agua. La moka se llena solo hasta la válvula de seguridad, sin taparla ni pasarse. El café molido se coloca en el embudo sin apretarlo. En Cuba es común presionarlo con la cuchara “para que salga más fuerte”, pero eso provoca justamente lo contrario: el café se quema y se vuelve amargo.
Otro punto clave es el fuego. Nada de llama alta. La moka necesita fuego medio o bajo y paciencia. El café debe subir poco a poco, sin apuro. Cuando se pone a hervir demasiado rápido, pierde aroma y sabor.
Consejos para hacer un buen café
Y aquí viene uno de los secretos menos conocidos: la tapa de la cafetera debe quedarse abierta mientras cuela el café. Así se puede ver el color y controlar el proceso. Cuando el chorro empieza a aclararse y a burbujear, ese es el aviso. En ese momento, se retira del fuego. Muchos italianos incluso enfrían la base con un poco de agua para cortar la cocción y evitar el gusto amargo.
También hay una regla de oro: la moka no se lava con detergente. Solo agua, se seca bien y se guarda. Con el uso, la cafetera se “curte” y el café sale mejor.
En Cuba, donde el café es sinónimo de compartir, hacerlo bien no es una moda ni un lujo. Es una manera de respetar lo que tanto nos gusta. Tal vez este domingo sea buen momento para probar… y notar la diferencia desde el primer sorbo.
