La imagen de unas mandarinas en un carretillero del centro de La Habana bastó para detener a más de un transeúnte. El asombro y la nostalgia se mezclaron con la realidad de un precio que no todos pueden pagar.
La imagen de unas mandarinas en un carretillero del centro de La Habana bastó para detener a más de un transeúnte. El asombro y la nostalgia se mezclaron con la realidad de un precio que no todos pueden pagar.