El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba difundió una declaración oficial en la que suaviza el tono y asegura que no es una amenaza para Estados Unidos. Por el contrario buscan el diálogo.
La nota reafirma su condena al terrorismo y su disposición a cooperar en materia de seguridad internacional.
El contenido y, sobre todo, el tono del mensaje marcan un cambio visible respecto al discurso tradicionalmente confrontacional mantenido por La Habana en respuesta a las medidas de la administración estadounidense.
La declaración llega en un momento especialmente delicado. El anuncio del presidente Donald Trump sobre un endurecimiento de la presión económica, con aranceles dirigidos a países que suministren petróleo a Cuba, ha colocado al Gobierno cubano en una situación límite desde el punto de vista energético y financiero.
Un tono más moderado en un contexto de presión extrema
Durante años, el discurso oficial cubano hacia Estados Unidos ha sido duro y frontal.
Sin embargo, el lenguaje utilizado en esta declaración resulta más cuidadoso, menos ideológico y claramente orientado a rebajar tensiones.
La Cancillería insiste en la cooperación, el diálogo y el interés mutuo. Son conceptos que, aunque no son nuevos, ahora ocupan un lugar central en el mensaje.
El texto evita acusaciones directas y se centra en mostrar a Cuba como un actor dispuesto a colaborar dentro de los marcos internacionales.
Este cambio no parece casual. La amenaza de un bloqueo petrolero indirecto, mediante sanciones a terceros países, agrava una crisis energética ya profunda y reduce el margen de maniobra del Gobierno cubano.
Seguridad y cooperación como eje del mensaje
La declaración reafirma que Cuba condena el terrorismo en todas sus formas y niega cualquier vínculo con organizaciones extremistas. También subraya su política de tolerancia cero frente al lavado de dinero y otros delitos financieros.
En este punto, el mensaje parece buscar un terreno común con Washington. La propuesta de retomar la cooperación técnica en áreas como terrorismo, narcotráfico, ciberseguridad y trata de personas apunta a reconstruir canales que en el pasado existieron, aunque de forma limitada y frágil.
La Cancillería insiste en que, cuando hubo voluntad política, fue posible avanzar. Esa frase adquiere ahora un peso especial, en un escenario donde la presión externa se intensifica día a día.
¿Giro táctico o cambio real de estrategia?
Pese al tono más conciliador, el texto mantiene una línea clara en cuanto a soberanía e independencia. Cuba reitera que no está dispuesta a renunciar a sus posiciones fundamentales ni a aceptar condicionamientos políticos.
Desde la cúpula gobernante se ha insistido en otras ocasiones en que no habrá concesiones ideológicas. La incógnita es hasta qué punto esa postura podrá sostenerse si el cerco energético se aplica con rigor y de manera prolongada.
El mensaje actual puede interpretarse como un intento de ganar tiempo, suavizar el clima y abrir una vía de conversación antes de que el impacto del bloqueo petrolero sea irreversible.
La respuesta de Estados Unidos, clave en los próximos días
Otro factor decisivo será la actitud de la administración Trump. Falta por ver si las medidas anunciadas se aplicarán de forma estricta o si existirán márgenes de negociación.
Por ahora, Cuba lanza una señal clara de disposición al diálogo, aunque sin ceder públicamente en lo ideológico.
La evolución de este pulso diplomático dependerá tanto de la presión real que logre ejercer Washington como de la capacidad de La Habana para sostener su discurso en medio de una crisis cada vez más profunda.
