Arzobispo de Santiago de Cuba admite que la ayuda no basta ante tantas peticiones

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El arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio G. García Ibáñez, reconoció la presión que vive la Iglesia ante el aumento de personas que piden apoyo. Lo hizo durante una homilía dominical en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Su mensaje dejó una frase que resume la gravedad del momento: «Hay tanta gente pidiendo ayuda. Y la ayuda no basta. La ayuda que viene no basta».

Una homilía marcada por el cansancio del pueblo

La intervención tuvo lugar el domingo 5 de julio de 2026, en El Cobre, uno de los lugares religiosos más importantes de Cuba. Desde allí, García Ibáñez vinculó el mensaje del evangelio con la realidad diaria de muchas familias cubanas.

El arzobispo tomó como referencia el versículo de Mateo 11:28: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré». A partir de esa cita, habló del agotamiento, la incertidumbre y la necesidad de resistir en medio de una crisis prolongada.

García Ibáñez no solo se refirió a quienes piden ayuda. También mencionó el dilema de quienes desean apoyar, pero no cuentan con recursos suficientes.

«Muchas veces nosotros queremos ayudar, dar y nos quedamos en la duda, lo doy, si lo doy, pues mi familia se queda…, pero sé que tengo que hacer algo», expresó durante la homilía.

La ayuda no alcanza para todos

El mensaje del arzobispo puso sobre la mesa una realidad que se repite en parroquias, comunidades y redes de asistencia. La demanda de alimentos, medicinas y apoyo básico supera la capacidad de respuesta disponible.

La Iglesia católica mantiene un papel visible en la atención a personas vulnerables dentro de Cuba. Sin embargo, sus propias estructuras también sienten el peso de una situación que rebasa los recursos recibidos.

García Ibáñez apeló a la fortaleza espiritual como sostén para enfrentar ese escenario. En uno de los momentos más directos de su intervención, afirmó: «El Señor me alivia con el Espíritu de Dios que me da fuerza para resistir, y fuerza para esperar, y fuerza para luchar».

El Cobre como escenario de un mensaje nacional

La Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre suele concentrar celebraciones religiosas de alcance nacional. Por eso, las palabras del arzobispo tuvieron un peso especial.

Al cierre de la homilía, el prelado pidió a los fieles mantener presente el evangelio durante los momentos difíciles. «En estos momentos duros que estamos pasando, tengamos este evangelio ahí en nuestra cabeza, nuestra frente, en nuestros ojos. Tristes son los yugos que la vida muchas veces nos pone», dijo.

Sus palabras llegan pocos días después de que el Departamento de Estado de Estados Unidos confirmara 100 millones de dólares en ayuda humanitaria para Cuba. De esa cifra, 60 millones serían canalizados a través de la Iglesia católica y 40 millones mediante organizaciones no gubernamentales.

Una voz cada vez más firme ante la crisis

El pronunciamiento se suma a otras declaraciones recientes del arzobispo. El 17 de mayo afirmó que «Cuba tiene que cambiar» y pidió medidas concretas. El 24 de mayo llamó a los gobernantes a no creerse «dueños del mundo». El 28 de junio advirtió sobre quienes creen que el poder les permite hacer cualquier cosa.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba también había alertado en enero sobre el «riesgo de caos social» y pidió «no más sangre ni más lutos».

La situación humanitaria sigue marcada por cifras graves. La ONU solicitó 94 millones de dólares para asistir a dos millones de cubanos. Además, más de 100000 pacientes, entre ellos 11000 niños, esperan cirugías aplazadas por apagones y falta de suministros médicos.

Cáritas Cuba ya había ejecutado el 82% de una primera donación de tres millones de dólares. Esa ayuda benefició a 8800 familias de adultos mayores, madres solteras y personas con discapacidad. Aun así, la escasez de combustible llegó a frenar parte de la distribución.


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