Oficialismo asegura que sacrificar reses no resolverá la crisis ganadera y alimentaria de Cuba

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Un comentario de la radio oficialista de Villa Clara sostiene que autorizar el sacrificio de reses puede incentivar la ganadería en Cuba, pero no recuperará el sector por sí solo.

El periodista Jesús Álvarez López expuso esa valoración al analizar la Resolución 162 del Ministerio de la Agricultura. Su texto, titulado «En la ganadería tampoco hay varas mágicas», fue publicado el 21 de septiembre.

Álvarez defiende el derecho de los propietarios a disponer de sus animales. También considera que la autorización puede estimular la crianza y una mayor protección de las reses.

Sin embargo, rechaza que el permiso produzca automáticamente un aumento de la masa ganadera. Para alcanzar ese objetivo, afirma, «hay que hacer mucho más».

El permiso no garantiza más ganado

El periodista compara el ganado vacuno con otras especies cuyo sacrificio no estuvo prohibido en Cuba. Menciona a cerdos, ovejos, chivos y conejos.

Según su razonamiento, esas poblaciones habrían crecido considerablemente si el derecho a sacrificar animales bastara para impulsar la producción. La realidad descrita por el autor no respalda esa relación automática.

La nueva posibilidad legal sí podría cambiar los incentivos de los propietarios. Quien pueda beneficiarse directamente de una res tendría más razones para criarla, alimentarla y protegerla.

El comentario vincula ese incentivo con otro problema que afecta a la ganadería en Cuba: el robo de animales. No obstante, tampoco presenta el permiso de sacrificio como solución única frente a la delincuencia.

Objeciones a los pesos mínimos

Álvarez cuestiona varios requisitos de la Resolución 162, en particular los pesos mínimos exigidos para sacrificar determinados animales. Considera que esa condición puede perjudicar al propietario de una res improductiva.

El problema sería más evidente con vacas o bueyes que terminaron su vida productiva. Sus dueños tendrían que seguir alimentándolos hasta cumplir el peso requerido, aunque ya no aporten trabajo ni producción.

Para ilustrarlo, el periodista relata un caso conocido por su familia. Durante años vio una vaca permanecer en un potrero porque una empresa estatal no quería comprarla.

El propietario tampoco podía venderla por otra vía ni sacrificarla legalmente, según el relato. La exigencia de engordar un animal en esas condiciones añadiría gastos y dificultades.

La propiedad como incentivo económico

El análisis sostiene que el propio dueño debe tener interés en lograr un animal con mayor peso y mejores condiciones. Al final, será quien reciba el beneficio derivado del sacrificio.

Desde esa perspectiva, permitir que el productor disponga de su ganado reconoce de forma práctica su condición de propietario. Además, elimina parte de las restricciones para aprovechar una res que dejó de ser productiva.

La valoración no presenta la Resolución 162 como una respuesta integral. La recuperación también depende de alimentos, reproducción, acceso a tierras y recursos, seguridad e incentivos económicos.

Por tanto, el comentario combina respaldo y críticas. Defiende la autorización, pero advierte que sus resultados dependerán de otras decisiones y de las condiciones materiales de los productores.

El texto «En la ganadería tampoco hay varas mágicas» fue difundido el 21 de septiembre por la radio oficialista de Villa Clara.


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