La harina llega para el "pan caro", pero no para el de la libreta

La harina llega para el «pan caro», pero no para el de la libreta

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Las panaderías de Sancti Spíritus tienen harina para vender pan a 90 pesos, pero casi nunca para el subsidiado. Esta contradicción irrita a miles de familias que dependen del pan de la cuota para alimentarse cada día.

¿Por qué falta harina para el pan barato?

La Industria Alimentaria de Sancti Spíritus opera con 10 Unidades Empresariales de Base, una por municipio, más dos en la capital provincial. Emplea a unos 1 215 trabajadores y su principal responsabilidad sigue siendo el pan de la canasta básica.

El problema viene de arriba. El molino de Cienfuegos lleva meses paralizado y el déficit nacional de harina es severo. Osney Rodríguez Espinosa, subdirector de Producción de la Industria Alimentaria en Sancti Spíritus, lo explicó sin rodeos a Escambray: «A esta empresa, diseñada para consumir 45 toneladas diarias de harina, hoy apenas arriban nueve, lo cual obliga a elaborar solo el pan del consumo social y una mínima parte del de la canasta básica, que se debe distribuir cada tres días».

En la práctica, ni eso se cumple. Los consumidores no saben cuándo habrá pan. Muchos terminan comprando el de precio diferenciado, que puede llegar a 90 pesos o más, una cifra difícil de asumir con el salario medio espiritano.

La harina importada, clave del negocio liberado

La pregunta que todos hacen tiene respuesta concreta. Rodríguez Espinosa la ofreció sin ambigüedades: «El pan de la canasta básica es subsidiado por el Estado, que no dispone de la harina; mientras que para elaborar el de tarifas más caras compramos esta materia prima importada a precios elevados a los proveedores particulares y, como consecuencia, tenemos que vender a precios diferenciados el pan liberado».

Dicho de otro modo: el Estado no puede costear la harina subsidiada, pero la industria sí puede comprarla cara para venderla cara.

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Los apagones arruinan la masa

La calidad del pan de la cuota es otro motivo de queja sostenida. Aunque la harina suele llegar en buen estado, el proceso se complica con los cortes de electricidad. Según el subdirector, «los apagones inciden negativamente en el proceso, debido a que la masa necesita un tiempo de reposo de tres o cuatro horas para poder entrar al horno y cuando supera ese lapso y no existe forma de hornearlo el producto pierde propiedades».

Eso explica, al menos en parte, por qué el pan de la libreta sale ácido, prieto o con poco peso. Aunque muchos ciudadanos señalan que las panaderías privadas, con los mismos apagones, logran un resultado mucho mejor.

Hornos de leña y paneles solares como salida

Ante la inestabilidad eléctrica, la industria ha puesto en marcha 30 hornos de leña. También estudia instalar paneles solares en tres panaderías. De concretarse, sería la primera experiencia de este tipo en Cuba dentro del sector.

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Mientras tanto, las panaderías y dulcerías espirituanas intentan sostener sus ofertas esenciales: bases de pizza, panes liberados y dulces, a precios más accesibles que los elaboradores privados. Con eso cumplen sus metas productivas y mantienen la empresa a flote, aunque sin cubrir la demanda real de la población.


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