Obreros que hablan español participan en la construcción del salón de baile de la Casa Blanca, un proyecto de Donald Trump que enfrenta una disputa judicial.
Conversaciones en español junto al complejo presidencial
La agencia EFE observó a trabajadores que conversaban en español al salir de una zona de servicio, cerca de la calle 15 y la avenida Pensilvania, en Washington. A principios de octubre, un grupo le confirmó que participaba en las obras. «Lo único que podemos decir es que las obras avanzan», respondió cuando le pidieron detalles.
Los obreros evitaron revelar su nacionalidad y dijeron que tenían restricciones para proporcionar información. Escucharlos hablar español no permite establecer cuántos trabajadores son hispanos o inmigrantes, ni conocer su situación migratoria. Tampoco describe a toda la plantilla del proyecto.
La presencia de esos trabajadores coincide con la política de deportaciones del segundo mandato de Trump. El contraste, sin embargo, no demuestra que alguno de los obreros observados esté sujeto a medidas migratorias.
Un nuevo espacio donde estuvo el Ala Este
El salón de baile de la Casa Blanca ocupará aproximadamente 90.000 pies cuadrados y tendrá capacidad para 650 personas sentadas. La Casa Blanca presentó esas cifras al anunciar el proyecto el 31 de julio de 2025. Como comparación, señaló que el Salón Este puede recibir a unas 200 personas sentadas.
La administración calculó entonces un costo de unos 200 millones de dólares y aseguró que Trump y otros donantes aportarían los fondos necesarios. Clark Construction quedó a cargo de la construcción; AECOM, de la ingeniería, y McCrery Architects, del diseño. Esa cifra corresponde al cálculo inicial, no a un balance final de gastos.
Para levantar el nuevo complejo, las obras transformaron el histórico Ala Este. Su demolición comenzó en octubre de 2025 y terminó en diciembre. El proyecto incluye también una instalación militar subterránea, según la información publicada sobre los trabajos.
La obra avanza mientras continúa el litigio
El National Trust for Historic Preservation demandó por la transformación del Ala Este. La organización cuestiona que el presidente pueda realizar una modificación de esa magnitud sin autorización del Congreso.
Tras restricciones dictadas por tribunales inferiores, la Corte Suprema permitió el 31 de agosto de 2026 que continuaran los trabajos mientras se resuelve el litigio. La decisión no estableció de forma definitiva si la construcción es legal.
El 30 de septiembre, Trump invitó a los asistentes a una celebración del Mes de la Herencia Hispana a recorrer la zona de obras. Les dijo que serían los primeros visitantes importantes en pisar el nuevo salón y afirmó que el proyecto avanzaba antes de lo previsto. Durante la invitación, advirtió sobre un desnivel y comentó: «Y solo un hispano podría sobrevivir a esa caída».
El peso de la mano de obra inmigrante
La construcción en Estados Unidos emplea a numerosos trabajadores inmigrantes. Un cálculo del American Immigration Council, basado en datos de 2022, situó en 1.544.600 a los trabajadores indocumentados del sector. Representaban el 13,7 % de su fuerza laboral.
Esa estimación es nacional y no identifica a quienes trabajan en el salón de baile de la Casa Blanca. En la obra, lo constatado hasta ahora es que algunos trabajadores observados conversaban en español.

















