La reconocida panadería artesanal Pan de La Habana, ubicada en el Vedado capitalino, anunció que cerrará temporalmente sus puertas a partir del próximo 1 de julio, una decisión que atribuye directamente al deterioro de la situación económica y energética que atraviesa Cuba.
El anuncio fue realizado este domingo 28 de junio, por Albert, fundador y responsable del emprendimiento, mediante un video publicado en redes sociales, donde explicó que las condiciones actuales del país ya no permiten mantener los estándares de calidad que caracterizaron al negocio desde su apertura.
En un mensaje dirigido a sus clientes, Albert aseguró que la decisión no fue fácil, pero considera que era la única alternativa posible.
«Cada vez más las circunstancias del país nos iban golpeando con más fuerza y van comprometiendo nuestro objetivo, el objetivo de tener el mejor servicio y la mejor calidad. Para nosotros eso no es una opción. No queremos permitirnos bajar el listón», afirmó.
El empresario también aclaró que no se trata de un cierre definitivo, sino de una pausa mientras evalúan la evolución del contexto nacional.
«Los últimos acontecimientos acaecidos en el país nos obligan ahora a cerrar. Estaremos pendientes de cómo evolucionan las circunstancias y aprovecharemos este tiempo para reorganizarnos y volver a abrir lo antes posible», explicó.
Un negocio que se convirtió en referencia en La Habana
Pan de La Habana abrió sus puertas el 19 de diciembre de 2024 en Calzada #709, entre Paseo y A, en el Vedado.
El proyecto fue fundado por Albert junto a la chef cubana Laura Meguis, formada profesionalmente en España, con la intención inicial de abastecer al barrio con panes artesanales y productos de alta calidad.
Sin embargo, la aceptación fue mucho mayor de la prevista y el negocio tuvo que ampliar su capacidad de producción en dos ocasiones para responder a la creciente demanda.
Además de su actividad comercial, la panadería colaboraba regularmente con el Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la zona y apoyaba diferentes iniciativas comunitarias.
El cierre ocurre en medio de uno de los momentos más complejos para la economía cubana.
Los prolongados apagones, la escasez de combustible, las dificultades para importar materias primas y el aumento constante de los costos de producción han complicado el funcionamiento de cientos de pequeños negocios en todo el país.
En el caso de las panaderías, la situación es especialmente delicada debido a la falta de harina de trigo.
Las autoridades han reconocido problemas para garantizar el suministro del cereal, mientras varios molinos nacionales operan con limitaciones y la llegada de cargamentos de trigo continúa siendo insuficiente para cubrir la demanda interna.
En varias provincias incluso se ha recurrido nuevamente al uso de hornos de leña para mantener la producción de pan, mientras otras panaderías han reducido horarios o limitado la elaboración por falta de materias primas.
El anuncio provocó numerosas reacciones entre clientes habituales y usuarios de redes sociales, quienes lamentaron la noticia y la interpretaron como otra consecuencia de la crisis que vive el país.
«Con apagones, sin harina y con todos los costos disparados, sobrevivir es casi imposible», opinó un habanero.
Aunque sus propietarios confían en reabrir cuando mejoren las condiciones, el cierre temporal de Pan de La Habana refleja las crecientes dificultades que enfrentan incluso los negocios privados considerados exitosos dentro de la economía cubana.














