Vuelven las colas de la gasolina: temor e incertidumbre disparan la demanda en La Habana

El fin del suministro de petróleo venezolano ha provocado un nuevo episodio de tensión energética en Cuba, reflejado en largas colas para comprar gasolina, especialmente en La Habana, según una nota esta semana de la agencia española EFE. La interrupción de los envíos desde Venezuela, que en 2025 cubrían alrededor del 30 % de las necesidades energéticas de la isla, ha generado incertidumbre entre los ciudadanos y un aumento notable en la demanda de combustible, impulsado más por el temor que por la disponibilidad real.

Desde tempranas horas, motociclistas, automovilistas y transportistas se concentran en gasolineras de Cupet que operan en divisas, soportando largas esperas bajo el sol, según dicho reporte. 

Muchos coinciden en que el escenario actual es distinto a crisis anteriores, ya que no se trata únicamente de falta de suministro inmediato, sino del miedo a un desabastecimiento prolongado. La población intenta anticiparse a un posible agravamiento de la situación, llenando tanques y almacenando gasolina cuando es posible.

La ausencia del crudo venezolano deja un vacío que el Estado cubano enfrenta con grandes dificultades. La limitada disponibilidad de divisas impide importar combustible desde otros mercados internacionales, lo que impacta directamente en sectores clave como el transporte, la generación eléctrica y la producción de alimentos.

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A esta realidad se suma la priorización del suministro en estaciones que venden gasolina en dólares, mientras muchas gasolineras que operan en pesos cubanos permanecen cerradas por falta de producto.

La dolarización parcial del combustible, implementada por el Gobierno cubano como una vía para captar ingresos ante la caída del turismo y las remesas, ha profundizado las desigualdades.

Quienes no tienen acceso a divisas se ven obligados a esperar durante meses a través de aplicaciones estatales de gestión de colas o recurrir al mercado informal para poder abastecerse.

Expertos advierten que el impacto económico del fin del petróleo venezolano puede ser severo. Estimaciones recientes señalan posibles caídas del producto interno bruto, un encarecimiento significativo de los alimentos y un aumento considerable de los costos del transporte.

En este contexto, la crisis del combustible se convierte en un factor multiplicador de las dificultades económicas que ya enfrenta la población cubana.

Mientras tanto, las colas continúan creciendo y la incertidumbre domina el ambiente. Para muchos ciudadanos, la pregunta no es cuándo llegará el próximo camión cisterna, sino cómo enfrentará el país una crisis energética sin una fuente de suministro estable a corto plazo.

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