La escasez de gasolina en Cuba dispara el precio del combustible en la calle.
La crisis de combustible en Cuba se ha agravado en las últimas semanas y ya tiene un impacto directo en la vida diaria.
La falta de suministro estable ha empujado a miles de personas a depender casi por completo del mercado informal.
La consecuencia más visible es el aumento extremo de los precios. En muchas zonas del país, conseguir gasolina se ha convertido en una operación costosa y desesperada.
El mercado informal impone sus reglas
Ante la ausencia de combustible en las gasolineras estatales, la venta ilegal se ha consolidado como la única alternativa. En ese escenario, los precios no tienen límites claros.
En localidades como Quivicán y Santiago de las Vegas, el litro se vende entre 700 y 900 pesos.
En San Antonio de los Baños ronda los 1.000 pesos. En Camagüey, los reportes hablan de cifras que llegan hasta 1.300 y 1.500 pesos por litro.
“El que la tiene, la vende al precio que quiere”, resumió un activista entrevistado por Martí Noticias. La frase refleja la lógica de un mercado sin control, marcado por la urgencia y la escasez total.
Sin gasolina ni siquiera para casos prioritarios
La crisis no distingue entre usuarios comunes y sectores que antes tenían prioridad. Personas con plantas eléctricas aseguran que ya no reciben asignaciones.
Una madre relató que tuvo que comprar dos litros a 1.500 pesos para poder cocinar durante los apagones. “No pude comprar más porque la situación aquí no te deja”, explicó.
El combustible ya no se usa solo para mover vehículos. Para muchas familias es una herramienta básica para sobrevivir a los cortes eléctricos prolongados.
Colas interminables y miedo al vacío total
En provincias como Camagüey, según reportes del portal Cuba Herald, las colas comienzan desde la madrugada. Conductores privados y transportistas esperan durante horas sin información clara.
Una conductora habanera describió el ambiente con crudeza: “Las colas ya no son solo para esperar el camión cisterna. Ahora son por miedo. La gente viene a abastecerse por temor a quedarse sin nada”.
La incertidumbre ha llevado a reducir recorridos, suspender servicios y, en algunos casos, almacenar gasolina en viviendas, una práctica que recuerda al Periodo Especial.
El golpe tras la pérdida del petróleo venezolano
Uno de los factores clave es la caída del suministro procedente de Venezuela, que durante años fue un pilar del sistema energético cubano.
En los últimos trimestres, ese país aportaba entre 32.000 y 35.000 barriles diarios de crudo. Según datos citados por la agencia EFE, en 2025 el petróleo venezolano cubría alrededor del 30 % de las necesidades energéticas de Cuba.
“Si ellos pierden esos 35.000 barriles de Venezuela, básicamente es el gran colapso. Es el colapso de la economía cubana”, advirtió Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe de la Universidad de Texas.
La reducción simultánea de envíos desde México y la falta de divisas agravan un escenario que el Estado cubano no logra compensar.
Gasolina en divisas, salarios en pesos
Mientras las estaciones en moneda nacional permanecen cerradas, las que venden en divisas reciben prioridad. El contraste es evidente.
“En moneda nacional no han surtido más, entonces hay que comprar en divisa. Usted bien sabe que aquí nadie gana en dólares”, dijo un ciudadano tras esperar más de cuatro horas.
Esta brecha empuja a cambiar pesos por dólares a tasas elevadas o a recurrir al mercado negro, alimentando la inflación y el empobrecimiento general.
Un escenario aún más crítico
El economista Miguel Alejandro Hayes advirtió que la pérdida del petróleo venezolano podría provocar una caída del 27 % del producto interno bruto, un aumento del 75 % en los costos del transporte y un encarecimiento del 60 % de los alimentos.
A esto se suma la advertencia de posibles bloqueos adicionales al suministro petrolero.
La crisis de gasolina ya no es solo un problema de movilidad. Es una señal clara de un colapso energético con efectos en toda la economía.
