“Me robaron 70 mil pesos”: alertan sobre nueva ola de estafas por redes sociales en Cuba

“Me robaron 70 mil pesos”: alertan sobre nueva ola de estafas por redes sociales en Cuba

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Una cubana denunció a CiberCuba que perdió 70 mil pesos tras confiar en un mensaje enviado desde la cuenta de WhatsApp de un contacto conocido. El caso expone una modalidad de fraude que se repite en la isla y que aprovecha la falta de efectivo, la urgencia de los usuarios y la confianza entre familiares, amigos y conocidos.

La afectada relató al medio que necesitaba retirar dinero de su cuenta bancaria y aceptó una supuesta oferta para recibir efectivo. Lo que no sabía era que delincuentes habían tomado control del WhatsApp de esa persona.

Una transferencia hecha desde la confianza

La víctima explicó que tenía 70 mil pesos en su cuenta y necesitaba convertirlos en efectivo. En Cuba, esa operación se ha vuelto cada vez más complicada por la falta de billetes en bancos y cajeros automáticos.

Al recibir la propuesta desde el número de un contacto conocido, pensó que se trataba de una operación segura. Por eso hizo la transferencia y esperó la entrega del dinero físico.

“Yo tenía 70 mil pesos en mi cuenta y necesitaba retirarlos, por lo que accedí a enviárselos para que me entregara el efectivo. Vuelvo y repito: era uno de mis contactos y lo conocía. Lo que no sabía era que le habían hackeado su WhatsApp”, escribió la víctima a CiberCuba.

Después de enviar el dinero, la mujer esperó durante horas. La persona que supuestamente debía llegar a su casa nunca apareció.

“Le transferí los 70 mil pesos y esperé durante horas a que me dijera que estaba frente a mi casa para recoger el efectivo, lo cual nunca sucedió”, añadió.

¿Cómo operan los estafadores en WhatsApp?

El mecanismo usado por los delincuentes no requiere una tecnología compleja. Primero logran que el dueño de una cuenta de WhatsApp comparta el código de verificación de 6 dígitos que la aplicación envía por SMS.

Con ese código, registran la cuenta en otro dispositivo. Desde ese momento pueden escribir a los contactos de la víctima como si fueran ella.

El fraude funciona porque el mensaje llega desde un número real y conocido. Muchas personas no sospechan, porque creen estar hablando con un familiar, amigo, vecino o compañero de trabajo.

En algunos casos, los estafadores piden ayuda urgente. En otros, ofrecen efectivo a cambio de una transferencia bancaria. Esta última modalidad ha ganado terreno por la crisis de liquidez que vive el país.

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La víctima no siente que trata con un desconocido. Ese es el punto que hace más peligrosa la estafa.

La falta de efectivo crea el escenario perfecto

La escasez de dinero físico en Cuba ha empujado a muchas personas a buscar soluciones fuera de los canales formales. Sacar efectivo puede implicar largas colas, límites de extracción o cajeros vacíos.

Esa situación ha generado un mercado informal de billetes. En distintos lugares se cobra comisión por entregar efectivo a cambio de transferencias electrónicas.

Según denuncias frecuentes de usuarios, esas comisiones pueden moverse entre el 5 por ciento y el 30 por ciento. La necesidad obliga a muchos a aceptar operaciones riesgosas.

Los delincuentes se aprovechan de ese contexto. Ofrecen una salida rápida a un problema real y usan cuentas de WhatsApp robadas para parecer confiables.

La combinación resulta peligrosa: crisis bancaria, urgencia personal y suplantación de identidad.

La denuncia y el muro burocrático

La afectada también relató dificultades para denunciar. Según su testimonio, su madre intentó radicar la denuncia en la provincia donde reside, pero la policía indicó que debía hacerse donde se encontraba la víctima.

Esa respuesta aumentó la sensación de indefensión. Para la mujer, hay datos suficientes para investigar: tarjetas bancarias, números telefónicos y transferencias registradas.

“Yo me pregunto: ¿a cuántas personas más han estafado por WhatsApp? La policía no hace nada y nunca encuentran a los culpables. Las tarjetas que mandan son reales, los números de teléfono también. Entonces, ¿por qué no encuentran a los responsables?”, cuestionó.

El caso generó numerosas reacciones de otros cubanos. Muchos aseguraron haber pasado por situaciones similares, con pérdidas de miles de pesos o de divisas.

Otros testimonios de víctimas

Damary Jorge Fonseca denunció haber perdido 86 mil pesos. Según contó, llevaba más de 2 meses sin recibir una respuesta efectiva.

Iris Gálvez relató que a su hermano le tomaron control de la cuenta de WhatsApp. A través de esa cuenta, los delincuentes habrían estafado 80 mil pesos.

Vermaidis Gamboa Matos aseguró que fue víctima de una estafa hace más de 1 año. En su caso, perdió 200 MLC por una suplantación de identidad relacionada con su tío.

Según su testimonio, la policía nunca resolvió el caso.

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Los relatos coinciden en un mismo patrón. Primero ocurre la transferencia. Luego llega la denuncia. Después, las víctimas quedan atrapadas entre instituciones que no ofrecen una solución clara.

Bancos, policía y ETECSA bajo críticas

Varios usuarios señalan un círculo burocrático que favorece la impunidad. La policía no avanza con rapidez, el banco no ofrece información sin orden policial y ETECSA tampoco responde con la agilidad que esperan las víctimas.

Vivian González Medina resumió esa frustración con una frase directa: “El banco tiene toda la información de la tarjeta a la que transferí el dinero, pero no pueden ofrecerla sin la orden de la policía. Todo por gusto”.

Yuduslidia Garriga contó que denunció el 21 de febrero ante la PNR de Jimaguayú, en Camagüey. Meses después, según dijo, todavía le respondían que faltaba el peritaje de ETECSA.

Amelia Fernández relató otro caso. Según su versión, un gerente bancario le dijo a su padre, también víctima de una estafa, que “nadie lo mandó hacer la transferencia, que eso no es problema de ellos”.

Ese tipo de respuestas aumenta la desconfianza. Para muchos afectados, las instituciones tienen capacidad para rastrear cuentas, teléfonos y movimientos, pero no actúan con rapidez.

Alertas que no han frenado el problema

El Banco de Crédito y Comercio en Matanzas emitió en abril una alerta pública sobre el aumento de estas estafas. La advertencia se hizo en coordinación con la PNR.

Sin embargo, los testimonios acumulados muestran que las alertas no han frenado el fraude. Tampoco han devuelto seguridad a los usuarios que dependen de la banca digital.

Una encuesta realizada en Las Tunas ese mismo mes reveló que el 84 por ciento de los participantes conocía víctimas de estafas digitales o las había sufrido personalmente.

Ese dato confirma que no se trata de casos aislados. La estafa por WhatsApp se ha convertido en una amenaza frecuente para quienes usan transferencias electrónicas.

El problema se agrava porque muchas familias no pueden asumir la pérdida. En un país con salarios bajos y precios elevados, 70 mil pesos pueden representar meses de esfuerzo.

¿Cómo evitar caer en esta estafa?

La primera medida es no compartir nunca el código de verificación de WhatsApp. Ese número de 6 dígitos permite activar la cuenta en otro teléfono.

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También conviene activar la verificación en 2 pasos dentro de la aplicación. Esa función añade un PIN de seguridad y dificulta el robo de la cuenta.

Si un contacto pide dinero, ofrece efectivo o solicita una transferencia, lo más seguro es llamarlo directamente. No basta con responder por WhatsApp, porque la cuenta puede estar en manos de un estafador.

También se debe desconfiar de cualquier operación urgente. La presión y la rapidez son herramientas habituales en este tipo de fraude.

Si ya ocurrió la estafa, es importante guardar capturas, comprobantes de transferencia, nombres, números de teléfono y horarios. Cada dato puede ayudar en una denuncia.

Una estafa alimentada por la crisis

La nueva ola de fraudes por WhatsApp no surge de la nada. Crece en medio de la escasez de efectivo, la dependencia de las transferencias y la falta de respuestas institucionales rápidas.

Los delincuentes conocen ese escenario. Saben que muchas personas necesitan billetes y están dispuestas a confiar en contactos conocidos para obtenerlos.

El caso de los 70 mil pesos muestra cómo una operación aparentemente sencilla puede terminar en una pérdida irreversible. También deja una pregunta abierta sobre la capacidad real de las instituciones para proteger a los usuarios.

Mientras no haya investigaciones efectivas y sanciones visibles, las alertas seguirán siendo insuficientes. Y los estafadores continuarán aprovechando una crisis que golpea directamente el bolsillo de los cubanos.


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