Hay un elemento clave que habría paralizado las negociaciones para un cambio en la isla, según los últimos reportes.
Los contactos entre Washington y La Habana que durante meses alimentaron expectativas de un acuerdo llevan semanas sin avances visibles.
Un nuevo reportaje de The Atlantic sitúa el bloqueo en una condición concreta planteada por Estados Unidos.
El asunto toca una de las líneas rojas que el gobierno cubano ha repetido públicamente.
Lo relevante es que, según las informaciones conocidas, esa misma barrera apareció cuando el diálogo pasó del discurso público a los contactos privados.
Los canales tampoco estarían completamente cerrados. Reuters informó este lunes que continúan reuniones, llamadas y mensajes entre ambas partes, pero sin una negociación formal ni una agenda acordada.
El punto que frenó las conversaciones
El reportaje de The Atlantic, firmado por Kevin Sieff, señala cuál habría sido el punto de quiebre. Estados Unidos exigió que Miguel Díaz-Canel dejara la Presidencia de Cuba.
Según la publicación, las conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “El Cangrejo”, se estancaron después de esa exigencia.
La condición no era menor. Washington estaba colocando directamente sobre la mesa la continuidad del actual presidente cubano y, con ello, una modificación en la estructura política del país.
La Habana ha sostenido durante meses que cualquier cambio impuesto sobre su sistema político rebasa sus límites negociables. La principal representante diplomática cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, volvió a exponer esa posición en declaraciones recientes a Reuters.
Aquí aparece una diferencia importante entre el discurso y la negociación real. Una cosa es anunciar públicamente cuáles son las líneas rojas. Otra es mantenerlas cuando esas condiciones llegan a una conversación reservada con la Casa Blanca.
Las informaciones publicadas hasta ahora sugieren que, en este punto, la posición cubana no cambió.
El papel de “El Cangrejo” en los contactos
Raúl Guillermo Rodríguez Castro se ha convertido durante 2026 en una figura central de los contactos entre ambos países. No ocupa un puesto diplomático tradicional, pero pertenece al círculo familiar más cercano de Raúl Castro.
Ya en marzo, Reuters explicó que distintas fuentes situaban al nieto del exgobernante como un canal de comunicación con funcionarios cercanos a Marco Rubio.
Su papel ganó todavía más peso durante los meses siguientes. En mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en La Habana con funcionarios cubanos, incluido Rodríguez Castro, según informaron entonces fuentes estadounidenses y cubanas.
En julio, Reuters informó que “El Cangrejo” estaba abierto a negociar con la administración de Donald Trump. Para ese momento, su nombre ya aparecía de forma recurrente en las informaciones sobre el canal reservado entre Washington y La Habana.
Los contactos mostraban una característica poco habitual. El interlocutor cubano no era una figura visible de la Cancillería, sino alguien conectado directamente con la familia Castro y con el aparato de seguridad.
Una propuesta que iba más allá de Díaz-Canel
La salida de Díaz-Canel tampoco habría sido una exigencia aislada.
En septiembre, EFE informó sobre una propuesta estadounidense que incluía suministro de petróleo e inversiones para Cuba. A cambio, Washington planteaba cambios políticos y económicos de gran alcance.
Entre las condiciones aparecían la salida de Díaz-Canel y la privatización de la estatal Unión Cuba-Petróleo, Cupet. La propuesta no llegó a concretarse.
Aquella información ya indicaba que existían diferencias profundas sobre el alcance de un posible acuerdo. El nuevo reporte de The Atlantic coloca ahora la permanencia de Díaz-Canel como el punto que terminó frenando las conversaciones.
La línea roja que La Habana mantiene también en privado
La posición expresada por Cuba en público ha sido consistente. Sus representantes aseguran que pueden discutir asuntos bilaterales, pero no aceptar condiciones que determinen su sistema político o quién dirige el país.
Torres Rivera confirmó a Reuters que siguen existiendo canales de comunicación con Estados Unidos. Esos contactos incluyen encuentros, llamadas telefónicas y mensajes, aunque no existe actualmente una negociación formal.
La diplomática también señaló que no se ha avanzado hacia una agenda para reiniciar conversaciones oficiales.
Eso ayuda a precisar el escenario actual. No puede afirmarse que todo contacto entre Washington y La Habana haya desaparecido. Sí puede decirse que el proceso negociador que generó expectativas meses atrás permanece paralizado.
Rubio, Trump y un escenario que perdió impulso
The Atlantic describe además un cambio de ambiente en Miami. Tras la operación estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, sectores del exilio cubano esperaban movimientos rápidos sobre Cuba.
Ese escenario no se produjo. La atención militar de Estados Unidos se desplazó hacia el conflicto con Irán y el tono público de Marco Rubio sobre Cuba se volvió más cauteloso.
Donald Trump, por su parte, ha mantenido la presión sobre La Habana y ha insistido en la posibilidad de alcanzar un acuerdo. Sin embargo, las posiciones de ambos gobiernos siguen separadas en un punto esencial.
Washington busca cambios que alcanzan la dirección política cubana. La Habana sostiene que ese terreno no está sujeto a negociación.
Por ahora, los mensajes pueden seguir circulando entre ambas capitales. Lo que no existe es una mesa de negociación capaz de superar la condición que, según The Atlantic, dejó el diálogo en punto muerto.

















