Alquiler de motos eléctricas en La Habana: el servicio en euros que evidencia la brecha del transporte en Cuba

Alquiler de motos eléctricas en La Habana: el servicio en euros que evidencia la brecha del transporte en Cuba

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Moverse por La Habana tiene un nuevo precio, pero no está al alcance de todos. Cubacar, la rentadora vinculada al grupo estatal Transtur, ha relanzado su promoción de alquiler de motos eléctricas con tarifas que arrancan en los 15 euros diarios.

Aunque la oferta se presenta como una solución «ecológica y divertida» para recorrer la capital, su enfoque exclusivo hacia el mercado en divisas ha reavivado el debate sobre la dualidad del transporte en la isla.

Las motos, de la marca española Silence, cuentan con una autonomía aproximada de 120 kilómetros, lo que las hace ideales para trayectos urbanos o escapadas a las Playas del Este. Según la información divulgada por la empresa en sus canales oficiales, una de las «ventajas» competitivas de este servicio es la flexibilidad: permite reservas sin antelación y no aplica penalizaciones por cancelación, un movimiento inusual en la gestión turística estatal que busca captar clientes de última hora con urgencias de movilidad.

Las letras pequeñas del costo

A pesar de que el gancho comercial son los 15 euros, el precio final es volátil. El costo real depende de la duración del contrato (con variaciones si el alquiler supera los tres o siete días) y otros cargos adicionales, como la inclusión de un segundo conductor según el rango de edad. Además, como es habitual en estos servicios, la gestión se realiza mayoritariamente a través de pasarelas de pago internacionales o tarjetas en dólares de la isla, limitando el acceso a quienes radican en el exterior o cuentan con liquidez en moneda libremente convertible.

Una ciudad a dos velocidades

La promoción llega en un momento crítico para el transporte público en Cuba. Mientras las redes sociales de Habana Cubacar se llenan de consultas sobre si es posible pagar desde el extranjero, la realidad del residente promedio es drásticamente distinta.

Este servicio de motos eléctricas no solo busca aliviar la demanda turística, sino que subraya una brecha de movilidad cada vez más profunda. Mientras el sector turístico accede a vehículos modernos y autonomía eléctrica, el ciudadano común depende de un sistema de transporte público severamente limitado por la escasez de combustible y piezas de repuesto.

Al final, lo que se promociona como una alternativa «divertida» para unos, termina siendo otro recordatorio de las dos realidades que conviven en las calles de La Habana: una que se mueve en euros y otra que sigue esperando en la parada.

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