La crisis en Irán amenaza con encarecer los alimentos en varios países vulnerables

La crisis en Irán amenaza con encarecer los alimentos en varios países vulnerables

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La guerra en Irán ya no preocupa solo por el petróleo. El conflicto también empieza a presionar el precio de los fertilizantes, el transporte marítimo y la producción agrícola.

Aunque la comida no ha subido con fuerza en los mercados internacionales, los expertos advierten que el golpe puede llegar con retraso. Los países pobres e importadores serían los más expuestos.

El problema va más allá del petróleo

Desde el inicio de la guerra en Irán, el combustible y los fertilizantes se han encarecido en distintas regiones. Ese aumento todavía no se refleja por completo en los alimentos, pero ya preocupa a economistas y organismos internacionales.

La razón es sencilla. La agricultura no reacciona de un día para otro. Muchos productos que hoy llegan a los mercados fueron cosechados antes del conflicto.

El riesgo aparece en las próximas siembras. Si producir, transportar y fertilizar cuesta más, los agricultores pueden reducir gastos o trasladar esos costos al consumidor.

El estrecho de Ormuz, una ruta decisiva

El foco principal está en el estrecho de Ormuz. Por esa vía circula una parte importante del petróleo y de los fertilizantes que se mueven por mar.

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Si las restricciones al tráfico marítimo continúan, el precio de insumos como la urea, el amoníaco, el azufre y los fosfatos puede seguir subiendo. Todos son claves para mantener buenos rendimientos agrícolas.

La FAO advirtió que una crisis prolongada en esa ruta podría provocar una “catástrofe” alimentaria global. Entre los países más vulnerables aparecen India, Bangladesh, Sri Lanka, Somalia, Sudán, Tanzania, Kenia y Egipto.

El Programa Mundial de Alimentos también alertó sobre un escenario grave. Según sus estimaciones, millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda si la guerra se prolonga y el petróleo se mantiene caro.

Los precios aún suben poco, pero hay cautela

Por ahora, el aumento mundial de los alimentos ha sido limitado. El índice de precios de la FAO subió 2,4 % en marzo frente a febrero, mientras los cereales avanzaron 1,5 %.

Ese dato ofrece cierto alivio, pero no elimina la preocupación. Las reservas mundiales de cereales son altas y ayudan a frenar una subida rápida.

Aun así, varios expertos recuerdan que los golpes en fertilizantes y energía tardan en llegar al plato. Primero afectan al productor, luego al transporte y finalmente al consumidor.

Matin Qaim, de la Universidad de Bonn, lo resumió con claridad: “Los precios de los alimentos definitivamente subirán en los próximos meses, lo que hará más difícil que muchas personas puedan acceder a dietas adecuadas y saludables”.

Los hogares pobres sentirían más el golpe

El impacto no será igual para todos. En países con bajos ingresos, una subida del combustible puede encarecer rápidamente los alimentos porque el transporte pesa mucho en el precio final.

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Además, muchas familias ya destinan gran parte de su dinero a comer. Cualquier aumento las obliga a cambiar su dieta.

Cuando eso ocurre, suelen reducir frutas, verduras y proteínas. En su lugar compran alimentos más baratos, llenadores, pero menos nutritivos.

Por eso, los expertos temen un aumento del hambre y la desnutrición, sobre todo en África y Asia.

Una crisis distinta a la de 2008

Algunos analistas creen que el mundo está mejor preparado que en crisis anteriores. Los mercados de granos no están interrumpidos y no hay una ola de grandes restricciones a las exportaciones.

Eso marca una diferencia con la crisis alimentaria de 2007 y 2008, cuando varios países limitaron ventas externas y agravaron el encarecimiento.

Elizabeth Robinson, de la London School of Economics, señaló que “los mercados de granos no están siendo interrumpidos y los países no están reaccionando como lo hicieron en 2008”.

Aun así, el panorama depende de cuánto dure la tensión en Ormuz. Si la ruta sigue bloqueada o con tráfico mínimo, los fertilizantes pueden subir más y reducir la capacidad de producción en próximas cosechas.

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El riesgo no está solo en una subida inmediata de precios. Está en una presión sostenida sobre agricultores, importadores y familias pobres.


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