Viajar a Cuba mientras se mantiene una solicitud de asilo abierta en Estados Unidos puede convertirse en un problema migratorio serio. La abogada de inmigración Liudmila Marcelo alertó sobre los cuestionamientos que pueden enfrentar los solicitantes al intentar reingresar al país.
El punto más delicado está en la contradicción entre el temor declarado ante inmigración y la decisión de regresar al mismo país del que la persona aseguró haber huido. Esa situación puede debilitar el caso y abrir nuevas dudas ante las autoridades.
El viaje puede afectar la credibilidad del solicitante
Marcelo explicó a Cibercuba que una persona que pidió asilo por miedo a regresar a Cuba y luego viaja a la isla se expone a preguntas difíciles. Para un oficial de inmigración, ese viaje puede interpretarse como una señal de que el temor ya no existe.
La abogada señaló que el expediente puede ser revisado al momento del reingreso a Estados Unidos. En ese escenario, el viajero podría ser enviado a una segunda inspección, conocida entre los migrantes como el “cuartico”.
Allí, el oficial puede preguntar por qué la persona viajó a Cuba si antes declaró tener miedo de volver. Según Marcelo, esa contradicción puede perjudicar el caso de asilo o incluso hacer pensar a las autoridades que el solicitante mintió en su aplicación.
Por esa razón, recomendó cerrar esos procesos antes de viajar a la isla. La advertencia aplica incluso para casos presentados años atrás y que aún permanecen abiertos.
Riesgos después de recibir la residencia
La especialista también alertó que un asilo pendiente puede causar problemas incluso cuando la persona ya obtuvo la residencia permanente. El hecho de tener una green card no elimina automáticamente los riesgos asociados a un expediente migratorio anterior.
“Se puede dar que ese caso de asilo te traiga después consecuencias de que te puedan poner en Corte ya teniendo tu residencia”, advirtió Marcelo.
Ese escenario preocupa a muchos cubanos que entraron a Estados Unidos, avanzaron en sus trámites y luego consideraron viajar a Cuba por razones familiares. La abogada insistió en que cada caso debe revisarse con cuidado antes de tomar una decisión.
¿Qué debe demostrar quien viaja a Cuba?
Marcelo explicó que, si una persona decide viajar pese a tener antecedentes de asilo, debe estar preparada para justificar su decisión. El elemento clave es demostrar un cambio de circunstancias.
Ese cambio debe explicar por qué el miedo declarado anteriormente ya no existe. Por ejemplo, puede tratarse de la salida del cargo de la persona que lo perseguía o de una situación concreta que haya cambiado en Cuba.
También debe poder demostrar una razón excepcional para el viaje. Puede ser una emergencia familiar, una enfermedad grave o un motivo que explique por qué necesitó regresar.
La abogada recomendó responder siempre con la verdad ante los oficiales de inmigración. Ocultar información o mentir puede dejar al solicitante en una posición mucho más vulnerable.
Demanda por el formulario I-220A
Durante la misma entrevista, Marcelo habló sobre una demanda colectiva relacionada con el formulario I-220A. Este documento fue entregado a numerosos cubanos que entraron por la frontera sur entre 2022 y 2024.
Según explicó, una firma de abogados ha planteado la posibilidad de alcanzar un acuerdo con el gobierno para que los participantes reciban parole. La abogada confirmó que ese tipo de negociación puede existir en las Cortes federales.
Sin embargo, aclaró que la representante del gobierno todavía no tiene autoridad para comprometerse con un acuerdo definitivo. Por eso, no existe una garantía real de resultado para quienes decidan sumarse.
Sobre la conveniencia de participar, Marcelo fue prudente. “Si la persona tiene la economía y quiere correr ese riesgo, pues vale”, dijo la abogada.
La especialista dejó claro que se trata de una decisión personal. Cada migrante debe valorar su situación económica, su historial migratorio y los posibles riesgos antes de integrarse a una demanda de este tipo.













