El historiador Bustamante advierte que un Congreso demócrata podría fiscalizar la política de Trump sin garantizar menos sanciones contra Cuba.
Michael J. Bustamante, profesor de la Universidad de Miami, examina dos posibilidades: mayor vigilancia parlamentaria o continuidad de la presión desde el Ejecutivo. Su análisis plantea escenarios políticos, no cambios ya aprobados.
Associated Press proyectó el control demócrata del Senado la noche del 3 de noviembre de 2026 y de la Cámara de Representantes durante la madrugada siguiente. La nueva composición del Congreso comenzará el 3 de enero de 2027.
La supervisión parlamentaria tiene límites
Bustamante contempla que los legisladores convoquen audiencias y pidan explicaciones sobre los efectos humanitarios de la estrategia de máxima presión. Ese escrutinio podría cuestionar sus resultados ante la falta de concesiones políticas significativas del gobierno cubano.
Pero advierte que Cuba competirá con otras prioridades demócratas, entre ellas las investigaciones sobre la administración Trump. Una mayoría opositora, por tanto, no asegura que la isla ocupe un lugar destacado en la agenda parlamentaria.
También existe una diferencia entre fiscalizar las sanciones y controlar su aplicación. Buena parte de las restricciones depende de decisiones presidenciales y de organismos como el Departamento del Tesoro. El Congreso conserva herramientas legislativas, presupuestarias y de supervisión, mientras la ley Helms-Burton condiciona el levantamiento integral del embargo.
Trump conserva margen para endurecer su política
El académico considera posible que Trump mantenga o intensifique la presión durante los dos últimos años de su mandato. Un presidente enfrentado a un Congreso adverso puede concentrarse en política exterior, donde dispone de mayor autonomía, plantea Bustamante.
Su valoración también incluye los incentivos políticos del secretario de Estado, Marco Rubio, para conseguir resultados en Cuba antes del final del mandato. Sin embargo, distingue esa posibilidad de una escalada inevitable: una actuación mayor necesitaría resultados rápidos y decisivos para ofrecer beneficios políticos.
La alternativa que examina no es únicamente una moderación o un endurecimiento. También contempla un periodo de inmovilismo, con obstáculos políticos en Washington y continuidad de las restricciones existentes.
El costo de esperar para los cubanos
Para Bustamante, el triunfo demócrata podría alentar a la dirigencia cubana a esperar otro cambio político en Estados Unidos. Esa apuesta permitiría prolongar su estrategia de resistencia sin implicar necesariamente reformas internas ni mejoras para la población.
El historiador separa así la supervivencia política del gobierno del bienestar de los ciudadanos. A su juicio, una parálisis entre ambos países tampoco equivaldría a un alivio para las familias cubanas.
«Los costos de simplemente esperar no dejan de acumularse», sostiene Bustamante al evaluar las consecuencias de mantener esa estrategia durante el resto del mandato presidencial.
















