Miguel Díaz-Canel aseguró que la salud y la educación seguirán siendo gratuitas en Cuba, incluso dentro del nuevo paquete de transformaciones económicas anunciado por el gobierno.
La afirmación llega en un momento de fuertes dudas dentro de la población, marcada por la crisis, los apagones, la falta de medicamentos y el deterioro visible de muchos servicios públicos.
Salud y educación dentro de las reformas
Durante la entrevista concedida al periodista Roberto Cavada, del Grupo de Comunicación Corripio, el mandatario cubano fue preguntado por el lugar que ocuparán la salud y la educación dentro del nuevo escenario económico.
Díaz-Canel respondió que esas áreas son “cosas sagradas” para el gobierno cubano. También defendió que las llamadas conquistas sociales no deben quedar en desventaja frente a los cambios que se buscan aplicar en la economía.
Según su explicación, el país mantendrá un sistema universal de salud y educación. Ambos servicios seguirían siendo gratuitos y con acceso para todos los ciudadanos cubanos.
El gobernante incluyó además la cultura, el deporte, la seguridad social, la asistencia social y los programas de atención a familias vulnerables dentro de las prioridades que el Estado dice querer preservar.
La crisis golpea los servicios públicos
Aunque Díaz-Canel defendió la continuidad del modelo gratuito, muchos cubanos enfrentan una realidad mucho más dura en hospitales, policlínicos y escuelas.
La falta de medicamentos, los problemas de transporte, los apagones y el deterioro de instalaciones afectan la calidad de los servicios. También pesan los bajos salarios de médicos, maestros y otros trabajadores del sector presupuestado.
El propio presidente cubano reconoció que una voluntad política no basta si no existe una economía capaz de sostenerla. En ese punto admitió que, sin una base económica más fuerte, los ideales de justicia social pueden quebrarse.
Esa frase resume una de las principales contradicciones del momento. El gobierno promete mantener salud y educación gratuitas, pero necesita ingresos, inversión y producción para evitar que esos servicios sigan perdiendo capacidad real.
Reforma económica y protección social
Díaz-Canel vinculó las nuevas medidas económicas con la necesidad de “desatar las fuerzas productivas”. Según dijo, una economía más fuerte permitiría sostener y ampliar los programas sociales.
También habló de mirar cada transformación desde el impacto que pueda tener sobre las personas vulnerables. Aseguró que no se debe poner en desventaja a ninguna familia, persona o comunidad.
El paquete de reformas incluye cambios en la dirección de la economía, mayor autonomía para municipios y empresas estatales, más facilidades para la inversión extranjera y un rediseño del aparato estatal.
Dentro de esa reorganización, el gobierno dice buscar una reducción de gastos públicos. Parte de esos recursos, según Díaz-Canel, podría destinarse a una reforma salarial en el sector presupuestado, así como a jubilados y familias vulnerables.
La promesa frente a la realidad cotidiana
El mensaje oficial intenta dejar claro que la apertura económica no significará una renuncia a la salud y la educación gratuitas. Sin embargo, la preocupación de muchas familias no está solo en pagar o no pagar esos servicios.
La inquietud está en si habrá médicos disponibles, medicamentos suficientes, escuelas en condiciones, maestros con salarios dignos y hospitales con recursos básicos.
Por ahora, Díaz-Canel no anunció medidas concretas para resolver de inmediato esas carencias. Su respuesta se centró en defender el principio de gratuidad y en vincular cualquier mejora futura al avance de las reformas económicas.
El alcance real de esas promesas dependerá de cómo se apliquen las medidas, de cuánto logre recuperarse la economía y de si los recursos llegan de forma efectiva a los servicios que más afectan la vida diaria de los cubanos.












