Rusia pone condiciones a Cuba para renovar sus termoeléctricas: «no será gratis»

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Rusia reconoce que puede ayudar a Cuba a modernizar su deteriorado sistema eléctrico y las termoeléctricas, pero descarta hacerlo gratis. Un experto energético de Moscú advirtió que cualquier nuevo proyecto de cooperación deberá tener una justificación comercial y, sobre todo, un mecanismo claro para recuperar la inversión.

La advertencia llega mientras Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas, marcada por apagones prolongados y varias desconexiones totales del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en lo que va de 2026.

La mayoría de las centrales termoeléctricas cubanas acumulan más de 30 años de explotación y buena parte de su tecnología tiene origen soviético.

Igor Yushkov, profesor de la Universidad Financiera del Gobierno de Rusia y analista jefe del Fondo Nacional de Seguridad Energética, aseguró que las empresas rusas tienen capacidad técnica para intervenir en el sector energético cubano.

Sin embargo, dejó claro que Moscú necesita saber cómo Cuba pagaría por esa asistencia.

“Cuba es insolvente. Que encuentren algo con qué pagarnos. Entonces podemos hablar de ello”, afirmó Yushkov en declaraciones a medios rusos.

El experto consideró que el deterioro del sistema eléctrico cubano no responde únicamente a un problema puntual de combustible, sino a años de falta de inversiones y de incorporación de nueva capacidad de generación.

Según su análisis, el consumo eléctrico continúa creciendo mientras la modernización del sistema avanza lentamente y prácticamente no se incorporan nuevas centrales capaces de responder a la demanda.

Rusia podría construir otras termoeléctricas en Cuba y hasta una planta nuclear

Yushkov señaló que Rusia podría participar en distintos proyectos para intentar recuperar la capacidad energética de Cuba.

Entre las posibilidades mencionó la construcción de nuevas centrales eléctricas, el suministro de gas o carbón y hasta la eventual creación de una central nuclear.

Pero existe una condición fundamental: Cuba tendría que demostrar cómo compensará los costes de esos proyectos.

La posición rusa supone un obstáculo importante para La Habana, que necesita inversiones millonarias para recuperar un sistema eléctrico cada vez más deteriorado y con una disponibilidad de generación muy inferior a la demanda nacional.

No sería, además, la primera vez que Rusia intenta financiar la modernización de las termoeléctricas cubanas.

En 2015, Rusia concedió a Cuba un crédito estatal de exportación de hasta 1.200 millones de euros para financiar la construcción y modernización de varias unidades de generación eléctrica.

El proyecto contemplaba una unidad de 200 megavatios en la Termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel, y otras tres unidades de 200 megavatios en Santa Cruz del Norte. En conjunto, el objetivo era incorporar unos 800 megavatios al sistema cubano.

Sin embargo, el acuerdo establecía que el crédito cubriría el 90 % del valor de los contratos y que Cuba debía aportar el 10 % restante.

Ese requisito terminó convirtiéndose en un problema para La Habana. En 2022, la entonces viceministra cubana de Energía y Minas Tatiana Amarán reconoció que Cuba no había podido acceder al crédito porque no consiguió reunir esos 120 millones de euros correspondientes al aporte inicial.

En 2024, ambos gobiernos modificaron el acuerdo original y plantearon alternativas que incluían una unidad de 200 megavatios en Santa Cruz del Norte, asistencia técnica, piezas para reconstruir cuatro unidades de 100 megavatios y proyectos de generación mediante parques solares fotovoltaicos.

Moscú quiere saber cómo recuperará su inversión

El nuevo planteamiento de Yushkov vuelve a colocar sobre la mesa el principal problema de cualquier posible asistencia rusa: la falta de capacidad de pago de Cuba.

El especialista incluso mencionó el turismo como una posible vía teórica para compensar parte de las inversiones rusas, aunque puso en duda que ese mecanismo resulte suficientemente atractivo en las actuales circunstancias.

Además, consideró que el futuro político de Cuba representa otro riesgo para las empresas rusas.

“Si el rumbo político de La Habana cambia, Rusia podría no obtener retorno de la inversión”, advirtió.

El argumento refleja la cautela de Moscú ante nuevos compromisos financieros con la Isla. Rusia también enfrenta sus propias necesidades de inversión energética y problemas de suministro en regiones como el sur del país y el Lejano Oriente.

Por ello, mientras Cuba busca desesperadamente recursos para reparar sus termoeléctricas y reducir los apagones, la posición expresada desde Moscú es clara: Rusia puede tener la tecnología y la capacidad para ayudar, pero primero La Habana tendría que demostrar con qué puede pagarla.


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