Las grandes cadenas españolas que operan hoteles en Cuba podrían enfrentar un escenario delicado si Washington reclama protagonismo en el turismo de la isla. El riesgo no está en la propiedad de los inmuebles, sino en los contratos de gestión que sostienen su presencia desde hace décadas.
El tema gana fuerza tras un reportaje de El Confidencial, retomado por 14ymedio, que plantea una posibilidad incómoda para empresas como Meliá, Iberostar, Barceló o NH: perder terreno si una negociación entre Estados Unidos y Cuba abre la puerta a grupos hoteleros estadounidenses.
Meliá e Iberostar ante un escenario incierto en Cuba
Las hoteleras españolas han sido durante años las principales operadoras extranjeras del turismo cubano. Su ventaja nació en un momento en que muchas empresas de otros países evitaban exponerse al costo político de trabajar con La Habana.
Meliá e Iberostar lograron una posición dominante en varios destinos de la isla. También Barceló y NH participaron en ese mercado, aunque el peso mayor ha recaído en las dos primeras.
Sin embargo, esa presencia no significa propiedad. Las compañías extranjeras gestionan hoteles, pero los establecimientos pertenecen al Estado cubano o a entidades vinculadas al aparato oficial.
Esa diferencia puede ser decisiva si cambia el equilibrio político. Paolo Spadoni, profesor de Augusta University y experto en turismo cubano, advirtió: «Sería muy fácil, bajo presión, que un nuevo gobierno cubano termine el contrato con una compañía española y dé el contrato a una compañía estadounidense».
Estados Unidos podría buscar una entrada rápida al negocio turístico
El turismo aparece como uno de los pocos sectores cubanos con capacidad para generar ingresos inmediatos. Por eso, una eventual apertura económica de la isla tendría impacto directo en hoteles, aerolíneas, cruceros, plataformas de reservas y operadores turísticos.
Durante años, las empresas españolas aceptaron las dificultades de operar en Cuba. Lo hicieron con la expectativa de estar bien colocadas si llegaba una transición o una apertura más amplia del mercado.
El problema es que las compañías estadounidenses podrían entrar tarde, pero con un respaldo político mayor. Si Washington fuerza cambios en la isla, sus empresas podrían reclamar espacio en el sector más atractivo para obtener retornos rápidos.
Esa posibilidad dejaría a las cadenas españolas en una posición vulnerable. Su experiencia en Cuba pesa, pero sus contratos dependen de decisiones políticas tomadas fuera de sus oficinas.
Gaesa complica más la situación de las hoteleras
Otro punto delicado es la relación histórica con Gaesa, el conglomerado empresarial controlado por los militares cubanos. Durante años, ese grupo fue un actor clave para negociar proyectos turísticos en la isla.
Las sanciones de Estados Unidos contra estructuras vinculadas al aparato militar cubano han contaminado cualquier operación relacionada con Gaesa. Esto coloca a las hoteleras españolas en una situación incómoda, porque buena parte del negocio turístico cubano pasa por entidades estatales o militares.
Spadoni resumió el panorama con una frase directa: «Las hoteleras españolas no tienen mucho margen de maniobra en esto. Están a la merced de lo que vaya a pasar».
La frase refleja el fondo del problema. Las cadenas no controlan los hoteles, no controlan el marco político y tampoco pueden decidir el rumbo de una negociación entre Washington y La Habana.
Europa tiene herramientas, pero no está claro que quiera usarlas
La Unión Europea dispone del Estatuto de bloqueo, creado en 1996 como respuesta a la Ley Helms-Burton. Ese mecanismo busca proteger a empresas europeas frente a sanciones extraterritoriales de Estados Unidos.
Desde 2023, Bruselas cuenta además con el Instrumento Anticoerción. Esta herramienta permite activar represalias comerciales si un país intenta condicionar las políticas de la Unión Europea o de sus Estados miembros.
Aun así, la gran duda es política. No está claro que los 27 países europeos quieran abrir una confrontación comercial con Washington por el turismo cubano.
Europa tiene otros frentes abiertos con Estados Unidos, como la guerra de Ucrania, las tensiones con Irán y varios asuntos comerciales. En ese contexto, las hoteleras españolas podrían quedar sin una defensa efectiva si el conflicto escala.
El turismo cubano no arrastra al resto de la economía
El caso cubano no se parece al de República Dominicana. Allí, el turismo impulsó a otros sectores y generó encadenamientos productivos más amplios.
En Cuba, según Spadoni, el sector opera dentro de una economía demasiado rígida. La falta de empresas privadas fuertes, la dependencia de importaciones y el control estatal reducen el impacto real sobre la población.
«El turismo en Cuba no está insertado en una economía capaz de crear encadenamientos productivos. Es una economía agotada, ineficiente y demasiado centralizada, y por eso el turismo no puede jugar el mismo papel que en otros países», afirmó el experto.
Por eso, incluso una entrada de capital estadounidense no garantizaría beneficios rápidos para los cubanos. Antes habría que renovar aeropuertos, carreteras, redes eléctricas, sistemas de pago, telecomunicaciones y servicios básicos.
El cambio podría abrir oportunidades para nuevos inversores, pero no resolvería de inmediato los bajos salarios ni la falta de consumo interno. El dinero entraría por los hoteles, aunque tardaría mucho en llegar a la vida diaria de la gente.
Spadoni cerró con una imagen dura sobre el futuro prometido: «Hasta entonces, la nueva Cuba prometida por Rubio podría parecerse demasiado a la vieja: una Isla donde los dólares entran por la puerta del hotel, pero rara vez llegan a la calle».













