Eduardo Paret: su error fue creer

Este artículo fue publicado hace 3 años.

Lo de Eduardo Paret, el mítico paracortos del Villa Clara de béisbol, era mostrar sus buenas dotes ofensivas, tratar de no cometer pifias, de irse impoluto en ese departamento. Y generalmente lo hacía, el del dorsal dos, pocas veces se equivocaba. Cuando se despidió, a lo grande en el estadio Sandino, la gente le dijo adiós a medias, la afición anaranjada muchas veces lo imaginó con las riendas del equipo de sus amores, aunque los problemas personales al otrora short stop le sobraban.

Lo antecedía un historial todo volcánico con la Dirección de Béisbol de la Isla, desde que en 1997 lo separaran del Villa Clara por una presunta llamada telefónica con su ex compañero de equipo, Rolando Arrojo. Eran tiempos de “traidores” y hablar con “los vendepatrias” tenía un costo muy alto. Todavía corren esos tiempos, pero a veces se hacen los de la vista gorda, sobre todo si vienen acompañados por la MLB y sus “buenas intenciones”.  Paret incluso, cuando por temas personales hizo un puente entre México y Cuba, casi pierde hasta su pago mensual por campeón olímpico. El INDER no anda con muchos miramientos cuando de dinero se trata. Paret, como otras glorias olímpicas de Cuba, son solo un instrumento más, algo inventariado.

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Durante tres años, luego de su retiro, el paracortos consiguió librarse, esquivar la dirección del Villa Clara, que una vez obtenido su quinto título nacional, se fue barranco abajo. Tenía varias excusas, otra vez personales. Pero se zafó de esa carga. Cuando el manager Vladimir Hernández entró en una pulseada con Ariel Pestano, la Dirección Provincial quiso obrar a lo Salomón y calló, mientras entre bambalinas barajaba con Paret su nuevo cargo. Paret cometió un gran error, creer en ello. Entre bambalinas también se manejó su salida.




Hace dos años cuando escribí sobre su regreso como director del Villa Clara, lo bauticé como el último kamikaze. Paret decía que lo hacía por el pueblo. Entonces dije, que el pueblo le pedía “un milagro o un suicidio”. Fue lo segundo. Paret fue destituido, cuando se le había prometido que seguiría al mando del Villa Clara para la Serie 60. Pifió nuevamente, pecó de crédulo. Estaba de vacaciones con su familia en Estados Unidos, cuando un viejo conocido, Ramón Moré, ahora Director Provincial de Béisbol le dijo que era su último año como director.

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Dice que gastó más de 2 mil dólares en comprar implementos deportivos para su equipo porque en la provincia nada les habían dado. Paret seguramente no miente, ni en las cifras, ni en que nada les dan. Así anda el deporte nacional. Los peloteros del equipo tampoco entienden su sustitución. Paret se marcha molesto, cree que dañan con eso a la pelota cubana y que quienes dirigen la pelota deberían revisarse. Paret no dice nada nuevo, a Paret tampoco le sucedió nada nuevo. Con su hoja de ruta, debió haber previsto que su tarea estaba reprobada de antemano.

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