Control de Pasaporte, Aduana Cuba - REUTERS/Stringer

¿Abaratar el pasaporte cubano o no exigirlo al entrar a la isla?

El abaratamiento de los trámites del pasaporte cubano, uno de los más caros del mundo, así como la eliminación de sus prórrogas, es uno de los más viejos reclamos de los emigrados de la isla. El gobierno cubano lo sabe, pero más que eso se ha dado por enterado recientemente.

Fue el pasado lunes 21 de octubre, cuando el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien se encontraba en una gira de trabajo por Europa, se refirió al asunto en un intercambio con la comunidad de cubanos radicada en Irlanda. Entonces, aseguró que su gobierno se encontraba analizando en el asunto.

“Nosotros también estamos al tanto de todo un grupo de preocupaciones que hay sobre el precio del pasaporte, sobre la prórroga del pasaporte (…) Le podemos dar la seguridad de que todos los temas los estamos analizando y a todos los temas les iremos buscando una respuesta”, argumentó el mandatario en Dublín.

Sin embargo, no pocos se inclinan a pensar que el más reciente paso del gobierno no sería precisamente el abaratamiento del pasaporte, y la eliminación de las prórrogas. Algunos consideran que la medida pudiera ser precisamente otra: la eliminación del requisito que se le exige a cada emigrado naturalizado en el extranjero para ingresar al país con un pasaporte cubano.

Esta medida se ajustaría más a la visión recaudatoria del gobierno, sobre todo en momentos en que la economía cubana se ha visto fuertemente golpeada por las nuevas medidas de Trump, y necesita a gritos la entrada de divisas extranjeras.

El pasaporte ordinario se considera entre los más caros del orbe si se le compara con el salario de los ciudadanos cubanos. Su tramitación para los cubanos de dentro de la isla asciende a 100.00 CUC y mientras que asciende a 350.00 USD para quienes viven en Estados Unidos, con cargos adicionales para quienes se sirven de intermediarios.

El pasaporte cubano válido por seis años, pero se exige que sea prorrogado cada dos años a un costo de 20.00 CUC en cada ocasión, para quienes residen en la isla y unos 160.00 USD a los cubano-americanos.

De eliminar el requisito del pasaporte cubano para que un cubano entre a su país de origen, se aseguraría la entrada de miles de emigrados que hoy cuentan con otra nacionalidad y pasaporte. Mientras, por otro lado, se mantendrían los desproporcionados costes por concepto de trámites burocráticos a los nacionales que se encuentran en la isla y a quienes, aunque residen en el extranjero, todavía no tienen el pasaporte de ese otro país.

Ello se ajusta de hecho a lo planteado por Ernesto Soberón, director de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio cubano de Relaciones Exteriores, durante el IV Encuentro de Cubanos Residentes en América Latina y el Caribe que tuvo lugar hace poco en México. El funcionario se refirió a la “necesidad de avanzar en la eliminación de categorías migratorias para que “haya solo cubanos, residentes en su país natal o en otra nación”.

Mientras que a un ciudadano norteamericano se le permite entrar con su pasaporte a Cuba, a un cubano radicado y naturalizado en los Estados Unidos se le exige presentar el documento de su país de origen. Lo mismo sucede con los cubanos radicados en otras naciones, invariablemente deben cumplir con tan absurdo menester.

Más allá de ser cuestionable desde el punto de vista patrio, toda vez que se le imponen excesivos obstáculos a los nacidos en la propia isla de Cuba, se trata de un requerimiento económicamente desacertado en la práctica.

Si bien el gobierno obtiene ciertos niveles de ingresos a partir de la realización de estos trámites, consigue el disgusto de quienes se ven obligados a transitar por ese vía crucis burocrático.

Muchos cubanos naturalizados en el extranjero deciden aplazar sus viajes a la isla, y no pocos se niegan a regresar mientras se mantenga el abusivo requerimiento.

Si no bastara la cuestión ética, pues la erradicación de ese requisito sería un gesto fraternal y sanador de esas históricas heridas que llevan quienes viven fuera de su patria; el cálculo matemático resulta revelador. Al limitarse las visitas de los cubanos emigrados, el gobierno pierde una entrada considerable de divisas por concepto de viajes, consumo, alojamientos, y ayudas directas.

Ese hecho nunca debió perderse de vista por parte de los gobernantes, pero es justo ahora que cobra más sentido la eliminación de esas trabas, luego de las presiones acometidas por el gobierno de Donald Trump, encaminadas a reducir el ingreso de divisas frescas al país.

Si ya el gobierno no puede contar con los dólares duros que dejaría un turista estadounidense que desee vacacionar en sus playas, es cuando menos irracional que continúe desmotivando el viaje de sus connacionales naturalizados norteamericanos.

Sin embargo, casi siempre que se aborda el tema de la eliminación del requisito de pasaporte cubano para ingresar al país, se enfoca desde la perspectiva de los que emigraron a Estados Unidos, cuando sabido es que a pesar de concentrarse en este país la mayor comunidad de cubanos emigrados, hoy existen isleños en los lugares más recónditos del mundo.

En un segundo momento de su intervención en Dublín, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel planteó que la respuesta a esos reclamos de los emigrados con respecto al pasaporte, sus costos y prórrogas depende de los Estados Unidos.

“Ustedes tienen que entender también que las respuestas dependen mucho de cómo en materia de relaciones internacionales se comporte el gobierno de Estados Unidos hacia Cuba”, sugirió el presidente.

Sin embargo, esa vinculación podría ser difícil de entender ¿Por qué razón quienes hoy se han naturalizado como ciudadanos españoles, chinos, canadienses o incluso irlandeses, deben depender de la postura del gobierno de los Estados Unidos para que se elimine ese requisito? Ni siquiera los cubanos naturalizados norteamericanos tienen que esperar por el comportamiento de la Casa Blanca para ver resuelto un asunto que solo le compete al gobierno de su país de origen.

Como ha sucedido en la historia cubana de las últimas décadas, la agenda interna de la isla muchas veces se traza a partir de la postura de los Estados Unidos. El gobierno caribeño asume ya como algo consustancial esa actitud “de respuesta” o reactiva, en lugar de optar por una postura proactiva en aquellos aspectos que solo dependen de su voluntad de cambio.

La eliminación del requisito de presentar un pasaporte cubano para ingresar a la patria es una competencia exclusiva y soberana del gobierno cubano. En modo alguno depende, ni puede depender, de la actitud de un gobierno extranjero o particularmente de “cómo en materia de relaciones internacionales se comporte el gobierno de Estados Unidos hacia Cuba”, tal y como argumentara el presidente Díaz Canel.

Algo bien distinto es que el gobierno insular apele a un pragmatismo que le ha sido extraño muchas veces, y ante el recrudecimiento del bloqueo/embargo decida afincar corazón y cerebro para saldar una vieja deuda con sus emigrados. Es hora ya de que esos cubanos que viven fuera dejen de sentirse como traidores sobre los que pende un castigo por el solo hecho de aspirar a una vida mejor.

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