3 frases imprescindibles para entender a los cubanos (II)

Directorio Cubano sigue caminando por el mundo de los “dichos cubanos”. Aquí propone otras 3 frases necesarias para entender cómo hablan los de la isla, y qué quieren decir con sus dichos. El cubano disfruta jugar con el idioma. Hasta tal punto, que suele decirse que en la isla no se habla español (castellano, para más precisión), sino “cubano”. A continuación, otro trío de frases autóctonas, con su significado e historia.

1. Luzbrillante

Muchos niños cubanos llegaron a la adolescencia, y algunos incluso a la adultez, sin saber qué es el querosene. Por una sencilla razón: siempre lo conocieron como “luzbrillante”. Así, junto, por cierto.

¿Por qué? En el siglo XX, los fabricantes de faroles de querosene lanzaron en la isla una enorme campaña publicitaria. “Ponga luz brillante en su casa”: decía el eslogan. Y la gente pobre, al ir a comprar el querosene para sus faroles, comenzó a decir: “Deme luzbrillante”.

El resto es historia sabida. La frase se popularizó tanto, que el “error” se convirtió en “la verdad”. Y el querosene perdió su nombre durante bastantes años. Tantos, que aún hoy no sería loco decir que como mínimo el 80% de la población cubana sigue llamándolo “luzbrillante”.

2. Le dio la patá a la lata

A inicios de la década de 1930, en medio de la revolución contra Machado, alguien puso una bomba conectada a una lata, en el medio de una acera. Otra persona, al pasar, le dio una patada a la lata, que por supuesto, estalló.

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Cuentan que después las latas-bombas se multiplicaron en las calles. Solo los valientes, o los insensatos (habría que decir también) osaban patear alguna lata interpuesta en su camino.

Pero esta historia es de los valientes. Cuando alguien logra objetivos destacables, trascendentes, notorios, “fuera de serie”, en Cuba se dice: “le dio la patá´ a la lata”.

3. Las 3 de la tarde, la hora en que mataron a Lola

Lola se prostituía en La Habana y, ¡la pobre! Murió a manos de uno de sus amantes, quien sufrió un “ataque de tarros” muy fuerte. (Decidió que no podía soportar por más tiempo que Lola compartiera sus encantos con otros hombres).

Irónicamente, el asesino era doctor. Justo a las 3 de la tarde le clavó un puñal en el pecho a Lola. Una decisión muy calculada. El hombre pensó que, por la hora, su crimen solo ocuparía dos renglones en la prensa vespertina de la capital.

¡Error! El hecho fue todo un suceso. Y, nadie sabe por qué, en medio de un discurso casi al concluir su mandato, el presidente Ramón Grau San Martín lo monumentalizó.

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-¡Coño! Las 3 de la tarde, la hora en que mataron a Lola- dijo.

Y desde entonces, para los cubanos, esa hora tiene nombre, y apellido.

Hasta aquí la clase de historia. ¿Provechosa? Directorio Cubano así lo desea.