¿Arroz en las montañas de Cuba? La crisis alimentaria obliga a reinventar el país


¿Arroz en las montañas de Cuba? Santiago apuesta por lo que parecía imposible y un supuesto el auge del arroz criollo en el oriente, según el oficialismo.

¿Arroz en las montañas de Cuba? Lo que durante años fue considerado inviable hoy comienza a consolidarse como una apuesta estratégica en Santiago de Cuba, donde el cultivo de este cereal avanza incluso en zonas montañosas y de difícil acceso. En medio de los desafíos económicos y productivos del país, el programa arrocero se posiciona como una pieza clave en la búsqueda de la soberanía alimentaria.

Con más de un millón de habitantes y una compleja geografía, esta provincia oriental ha tenido que rediseñar sus estrategias agrícolas para responder a la creciente demanda de alimentos. En ese contexto, el arroz ha ganado protagonismo en los últimos cinco años, con la incorporación de nuevos productores y la expansión del cultivo hacia municipios como Contramaestre, Mella, San Luis y Palma Soriano.

Uno de los cambios más significativos ha sido la apuesta por aprovechar tierras que antes se consideraban poco aptas. La experiencia ha demostrado que, con técnicas adecuadas y acompañamiento técnico, es posible producir arroz en zonas de secano y montaña. Este avance ha permitido que el llamado arroz criollo comience a ganar espacio en los mercados locales, con precios más accesibles frente al producto importado.

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Actualmente, Santiago de Cuba necesita alrededor de 47 500 toneladas de arroz al año para cubrir la demanda de su población. Para lograrlo, se estima que sería necesario cultivar unas 25 000 hectáreas, un objetivo ambicioso que impulsa la entrega de tierras ociosas y la incorporación de cooperativas y nuevos actores productivos.

El programa también incluye incentivos importantes, como acceso a maquinaria, contratos flexibles y la posibilidad de comercializar no solo arroz, sino otros cultivos como maíz y frijol. Estas medidas buscan dinamizar la producción y garantizar ingresos sostenibles para los agricultores.

Detrás de este impulso hay historias que reflejan el cambio. Campesinos que han apostado por la innovación, el uso de técnicas agroecológicas y el trabajo familiar están logrando resultados en territorios donde antes no se cultivaba arroz. Mujeres productoras, jóvenes y técnicos agrícolas forman parte de este movimiento que transforma el campo cubano.

El desafío ahora es sostener el crecimiento, mejorar los rendimientos y fortalecer la comercialización. Si se mantiene el ritmo actual, el arroz producido en las montañas de Santiago de Cuba podría convertirse en un símbolo de resiliencia y una respuesta concreta a la necesidad de garantizar alimentos en la isla.


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