Cuba llega a la víspera del 24 de septiembre con una de las celebraciones religiosas más reconocibles de su tradición popular. Mañana, católicos devotos de la Virgen de las Mercedes y practicantes de la Regla de Ocha volverán a coincidir en una fecha marcada por la fe, el sincretismo y la memoria familiar.
No existe un programa único para todo el país. La celebración ocurre de formas muy diferentes: en templos católicos, casas de santo, hogares particulares y espacios vinculados históricamente con el culto a la Virgen y a Obatalá.
La Habana Vieja vuelve a mirar hacia la Iglesia de la Merced
El Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Merced, en La Habana Vieja, es uno de los puntos de referencia de cada 24 de septiembre. Hasta allí suelen llegar creyentes de diferentes municipios para rezar, llevar flores, encender velas y participar en las celebraciones religiosas.
El año pasado, la jornada incluyó cantos, oraciones y una procesión con la imagen de la Virgen por calles próximas al templo. Muchos asistentes acudieron vestidos de blanco, un color profundamente relacionado también con Obatalá dentro de la tradición afrocubana.
La escena resume una característica propia de la religiosidad cubana. Algunas personas llegan exclusivamente por devoción católica, otras relacionan la fecha con Obatalá y muchas han heredado ambas referencias dentro de sus familias.
Hasta el momento no debe darse por sentado que todos los actos de 2025 se repetirán exactamente de la misma manera este año. Sin embargo, la afluencia de fieles cada 24 de septiembre forma parte de una tradición consolidada en el templo.
Una celebración atravesada por las dificultades del país
La fecha llega en un momento complicado para desplazarse por Cuba. Los problemas de transporte público, las limitaciones de combustible y los apagones siguen condicionando actividades cotidianas en diferentes territorios.
Para quienes viven lejos de La Habana Vieja, llegar hasta la Iglesia de la Merced puede exigir varias combinaciones de transporte o largas esperas. La situación resulta todavía más difícil para personas mayores y familias que dependen completamente del servicio público.
La experiencia del año pasado ya mostró esa realidad. A pesar de las dificultades de transporte y los cortes eléctricos, numerosos creyentes acudieron al templo y la celebración continuó incluso durante momentos sin electricidad.
Esa capacidad de adaptación probablemente vuelva a marcar la jornada. Quienes puedan llegar lo intentarán, mientras otros vivirán la fecha desde su barrio, su iglesia más cercana o su propia casa.
Qué ocurre en las casas de santo durante la víspera
Dentro de la Regla de Ocha, el Día de Obatalá se prepara de acuerdo con las costumbres de cada casa religiosa. No existe una ceremonia idéntica para todos ni una lista universal de acciones que deba seguir cada creyente.
La víspera suele ser un momento para ordenar y limpiar los espacios religiosos, preparar la ropa blanca y atender los altares según las orientaciones recibidas de los mayores. En familias con una larga tradición, también es habitual mantener contacto con padrinos, madrinas y ahijados.
Obatalá se relaciona con la cabeza, la serenidad, la pureza, la paciencia y la claridad. Por eso, la preparación espiritual puede tener tanta importancia como los elementos visibles del altar.
Las ofrendas concretas dependen del camino del orisha, la casa religiosa y las indicaciones de quienes tienen responsabilidad ritual. Presentarlas como una receta única sería contrario a la diversidad de la práctica afrocubana.
Blanco, cantos y memoria religiosa
El color blanco será uno de los elementos más visibles de la jornada. En la Regla de Ocha se identifica estrechamente con Obatalá y expresa ideas de pureza, calma y equilibrio.
En algunas casas pueden escucharse cantos en lengua ritual y realizarse encuentros entre miembros de una misma familia de santo. En determinados contextos también pueden celebrarse toques de tambor, siempre según las reglas y posibilidades de cada comunidad religiosa.
La música y la danza asociadas a los orishas también tienen una dimensión folclórica muy conocida en Cuba. Sin embargo, una presentación artística y una ceremonia religiosa no son lo mismo.
Los cantos, ritmos y movimientos pueden aparecer en escenarios culturales sin tener una función ritual. En una casa consagrada, en cambio, forman parte de una práctica espiritual con jerarquías, normas y significados propios.
Melena del Sur y la memoria de la Piedra de la Merced
Otro punto importante dentro de la historia de esta fecha está en Melena del Sur, en Mayabeque. Allí fue documentada durante generaciones la tradición conocida como la Piedra de la Merced.
Investigaciones sobre el lugar describen peregrinaciones los días 23 y 24 de septiembre. Los creyentes acudían para pedir especialmente por la salud y depositaban ofrendas en una piedra identificada popularmente con la Virgen de las Mercedes y con Obatalá.
El culto se convirtió en una expresión singular del sincretismo religioso cubano. La tradición documentada se remonta al siglo XIX y muestra cómo una devoción podía sobrevivir fuera de los grandes templos.
No existe confirmación pública de un programa formal para este 2026 comparable con aquellas peregrinaciones históricas. Aun así, la Piedra de la Merced conserva un lugar importante en la memoria religiosa de Melena del Sur.
Quienes no puedan salir también celebrarán desde sus casas
Las dificultades para trasladarse no impiden necesariamente participar de la fecha. En muchos hogares católicos, la celebración puede concentrarse en una oración ante una imagen de la Virgen, una vela o un momento de recogimiento familiar.
Entre practicantes de la Regla de Ocha, quienes no acudan a una casa religiosa podrán atender su espacio espiritual siguiendo las costumbres que conocen. Otros se comunicarán con sus mayores religiosos o dedicarán la jornada a agradecer y pedir protección.
Para muchas familias cubanas existe además una circunstancia nueva respecto a décadas anteriores: una parte de sus integrantes vive fuera del país. El 24 de septiembre también se ha convertido en una fecha compartida a distancia.
Una madre puede estar en Cuba y su hijo en Estados Unidos, España o cualquier otro destino migratorio. Ambos pueden conservar la misma devoción, aunque la celebración ocurra a miles de kilómetros de distancia.
Qué se pide este 24 de septiembre
En las iglesias, muchas peticiones estarán dirigidas a la Virgen de las Mercedes por enfermos, presos, familiares ausentes y personas que atraviesan necesidades. Su tradición católica está históricamente vinculada con la misericordia y los cautivos.
Ante Obatalá, numerosos creyentes pedirán salud, paciencia, buen juicio y serenidad. Son ruegos especialmente significativos cuando una familia debe tomar decisiones difíciles o convivir con tensiones económicas prolongadas.
También habrá agradecimientos. La celebración no se limita a pedir, sino que para muchos representa cumplir promesas, reconocer favores recibidos y recordar a quienes transmitieron la religión dentro de la familia.
Una fecha que pertenece a varias generaciones de cubanos
El 24 de septiembre ha sobrevivido a cambios políticos, migraciones, crisis económicas y transformaciones sociales. Su permanencia se explica porque la devoción no depende exclusivamente de una institución o de una ceremonia pública.
La Virgen de las Mercedes conserva su lugar entre los católicos. Obatalá mantiene una presencia fundamental en la Regla de Ocha. Entre ambos existe un puente histórico construido por generaciones de cubanos.
Mañana ese vínculo volverá a hacerse visible en templos, altares y hogares. Algunos llegarán a La Habana Vieja vestidos de blanco; otros rezarán desde su casa. Cada uno lo hará desde su propia fe, pero todos dentro de una tradición profundamente arraigada en la cultura cubana.

















