Precios por las nubes en nueva cafetería privada en Plaza Carlos Tercero

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La apertura de un nuevo establecimiento para la venta de alimentos en la Plaza Carlos Tercero generó expectativas. Pero rápidamente los que llegaron hasta allí a comprar o al menos a mirar, han salido decepcionados.

Este jueves uno de los mayores centros comerciales de La Habana había anunciado la apertura de un local con servicios gastronómico en moneda nacional. Se trata de Fress Carlos Tercero, en alianza con un negocio privado para vender meriendas, dulces y almuerzos.

“Estimados clientes, una nueva gestión se inaugura en nuestra Sucursal: Fress Carlos Tercero. Nuevas ofertas gastronómicas, golosinas, servicios, almuerzos, un lugar para compartir en familia. Esperamos su presencia mañana para disfrutar del buen servicio gastronómico. Todas las ofertas en Moneda Nacional. Usted es mi razón”, asegura la publicación hecha en redes sociales.

Fress es un bar restaurante privado que se localiza en la exclusiva zona de Miramar, y también brinda servicios para entregas a domicilio a través de compras en Internet.

Por supuesto, el anuncio generó expectativas, pues en Carlos Tercero prácticamente todo se vende en divisas.

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Un local para revender productos

La inauguración del nuevo local gastronómico ha dejado más insatisfacciones que alegrías. Ciertamente los precios de los alimentos están en pesos cubanos, pero según un reporte de 14ymedio, resultan muy elevados.

Una lata de leche condensada cuesta $250.00 pesos, una caja de papas Pringles $350.00 pesos,  una caja de 24 latas de refrescos $2640.00 pesos, mientras un queso gouda de alrededor de tres kilogramos, cuesta $4000.00 pesos.

Además, varios comensales denunciaron que la comida estaba fría, cuando pizzas, papas fritas y croquetas deben servirse calientes.

El local fue alquilado a un ciudadano español, quien en persona dio la bienvenida este viernes a los primeros clientes. Sin embargo, más allá de la unión de una entidad estatal y una privada en Fress, lo evidente es que los precios son los de un revendedor común y corriente.

Quizá la respuesta se halle en lo que dijo un empleado a dos ancianas que pedían prioridad para entrar: consumir ahí es “un lujo y no una necesidad”.

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