La acumulación de basura vuelve a golpear la vida diaria en La Habana. En muchas calles, los vecinos conviven con malos olores, moscas, roedores y desechos que permanecen durante días sin recogida.
El problema no se limita a un barrio concreto. La falta de combustible y la crisis de servicios públicos han dejado a la capital cubana ante una situación sanitaria cada vez más visible.
Basureros improvisados en plena calle
En una calle cercana al hospital Hermanos Ameijeiras, uno de los centros médicos más conocidos de La Habana, los vecinos observan con preocupación un vertedero improvisado en la acera.
Allí se mezclan restos de comida, bolsas rotas, cartones, escombros y otros desechos. El calor acelera la descomposición y el mal olor se extiende por la zona, impulsado por la brisa cercana al mar.
“Lo que estás viendo es deprimente”, lamentó María Odalys Ramírez, una residente de 63 años que vive frente al hospital. “La basura en esta zona, las moscas, las ratas, la suciedad: es completamente insalubre”.
La escena se repite en otros puntos de la ciudad. En el centro y en barrios periféricos, peatones, bicicletas y autos deben esquivar montones de basura acumulados en las esquinas.
La recogida irregular agrava el problema
Durante meses, residentes de La Habana han visto crecer los desechos en casi todas las zonas de la capital. La ciudad concentra alrededor de 2 millones de habitantes, dentro de un país que ya tiene menos de 10 millones de residentes.
Según la información disponible, el deterioro se agravó después de que la crisis energética provocara apagones, problemas con el suministro de agua y escasez de combustible.
Ese déficit también golpeó a los camiones estatales encargados de recoger la basura. En varios barrios, los vecinos aseguran que los vehículos pasan de forma irregular.
La consecuencia aparece en las aceras. Los residuos permanecen expuestos al sol, atraen animales callejeros y elevan el temor a enfermedades.
Quemas de basura y alerta sanitaria
Ante la falta de recogida, algunos residentes han comenzado a quemar desechos en las calles. La práctica reduce los montones de basura, pero abre otro problema.
Las autoridades sanitarias advierten sobre el riesgo del humo tóxico. Al quemarse plásticos, restos orgánicos y otros materiales, el aire puede cargarse de sustancias peligrosas para la salud.
La llegada del verano aumenta la preocupación. Las altas temperaturas aceleran la descomposición de los residuos. También crece el riesgo de proliferación de moscas y mosquitos.
A esto se suma el inicio de la temporada ciclónica. Las lluvias pueden arrastrar basura hacia desagües y zonas bajas, con riesgo de inundaciones y contaminación.
Un problema ambiental reconocido
Cifras municipales citadas por AP señalan que, hasta julio pasado, La Habana generaba cada día una cantidad de residuos sólidos equivalente a unas 12 piscinas olímpicas.
Incluso entonces, los servicios municipales solo lograban recoger el 57 por ciento de esos desechos. La situación actual muestra un escenario más complejo.
Odalys Goicochea, funcionaria del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, señaló que el manejo inadecuado de los residuos sólidos urbanos figura entre los principales problemas ambientales del país.
La funcionaria advirtió que la combinación de basura acumulada, calor y lluvias puede empeorar el cuadro sanitario. El ambiente húmedo favorece la reproducción de insectos que transmiten enfermedades.
Vecinos buscan soluciones por su cuenta
La crisis también ha impulsado iniciativas ciudadanas. Una de ellas es El Batazo, un proyecto comunitario que funciona en 8 cuadras de La Habana.
El sistema se basa en una recogida organizada. Un recolector toca una campana 2 veces al día para avisar a los vecinos. Las familias entregan la basura doméstica ya separada.
Luego, integrantes del proyecto barren las calles y clasifican los residuos. Materiales como aluminio y vidrio se venden como materias primas reciclables.
Los restos de comida se reutilizan para alimentar animales. Lo que no puede aprovecharse se deposita en un contenedor, a la espera de su traslado hacia un vertedero.
“El impacto fundamental de este proyecto es demostrarle a la comunidad que se puede”, dijo Evelyn Martínez, colaboradora de El Batazo. “Es totalmente posible vivir en un ambiente más limpio, darle valor a lo que llamamos ‘basura’ y darle un buen uso”.
Aunque estas iniciativas alivian zonas concretas, no sustituyen un sistema estable de recogida. Para muchos habaneros, la pregunta sigue siendo cuánto tiempo más deberán convivir con la basura en la puerta de sus casas.












