La crisis del sistema eléctrico vuelve a dejar al país entero bajo apagones este 1 de julio. Pero la distribución de la poca corriente disponible no se siente igual en todas partes. En Matanzas, vecinos reportan cortes extremos, mientras crecen las denuncias por la prioridad que recibe La Habana.
Matanzas queda entre las provincias más golpeadas
Residentes del poblado Juan Gualberto Gómez, en Matanzas, aseguran que han pasado entre 70 y 90 horas sin servicio eléctrico. La falta de corriente también corta las comunicaciones, impide conservar alimentos y complica cualquier emergencia familiar.
Un ciudadano, que pidió mantener el anonimato, denunció que la mayoría de la población en la provincia está cargando con la peor parte del déficit. Según su testimonio, el Despacho Nacional de Carga estaría sacrificando territorios como Matanzas y Villa Clara para sostener el suministro en La Habana.
“En este escenario de crisis estructural, los matanceros soportan el mayor peso del déficit energético del Sistema Electroenergético Nacional”, afirmó.
El reclamo tiene un peso simbólico. Matanzas alberga la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las plantas más importantes del país. Sin embargo, sus habitantes no escapan a los cortes más prolongados.
Un sistema sin capacidad suficiente
La Nota Informativa del Sistema Electroenergético Nacional, correspondiente al 1 de julio, confirma la magnitud del problema. El servicio estuvo afectado durante las 24 horas del día anterior, incluida la madrugada, por falta de capacidad de generación.
La mayor afectación llegó a 2211 MW en la noche, con impacto en todas las provincias. Para esta jornada, la Unión Eléctrica estimó una afectación de 2130 MW, una cifra que vuelve a dejar poco margen para una distribución estable.
El parte oficial también muestra un sistema con varias unidades térmicas fuera de servicio o en mantenimiento. A eso se suma la salida de más de un centenar de centrales de generación distribuida por falta de combustible.
Aunque los parques solares aportaron energía durante el día, ese respaldo no alcanza para cubrir la demanda del horario pico. La disponibilidad prevista quedó muy por debajo de la demanda máxima esperada.
¿Dónde se va la poca electricidad disponible?
La pregunta se repite en barrios y redes sociales. Muchos cubanos no solo reclaman por la duración de los apagones, sino por la diferencia entre zonas cercanas.
En Cárdenas, vecinos del reparto Fructuoso Rodríguez aseguran que la programación de seis horas sin corriente y tres con servicio casi nunca se cumple. Un residente identificado como “el diplomático” dijo que el bloque cuatro, donde están La Marina y Fundición, recibe electricidad una o dos horas, sin horario fijo.
“El bloque dos, que es la zona Partido y Gobierno, se beneficia un poco más de corriente, y la zona hospital es de 9 de la mañana a 5 de la tarde el apagón, ya toda la noche sí obtiene corriente”.
Las quejas apuntan a una protección de zonas turísticas, hospitales y repartos donde viven funcionarios. Mientras tanto, otros barrios reciben apenas unas horas de servicio al día.
La Habana protesta, pero no vive el mismo colapso
La capital también sufre apagones, pero los cortes suelen estar más organizados y duran menos que en muchas provincias. Esa diferencia alimenta la percepción de que La Habana recibe prioridad para reducir el riesgo de protestas.
En Cayo Hueso, Centro Habana, una mujer mayor apoyada en un bastón comenzó a recoger firmas para exigir una distribución más equitativa de los apagones. El caso fue difundido por el internauta Javier Bobadilla y muestra que el malestar también crece en la capital.
La diferencia está en la escala del castigo diario. Mientras algunos municipios habaneros enfrentan interrupciones fragmentadas, zonas del interior pasan días enteros sin una rutina mínima.
La desigualdad ya forma parte de la crisis
El Ministerio de Energía y Minas ha reconocido la gravedad del escenario. También ha admitido que la falta de combustible y otros recursos obliga a priorizar circuitos específicos.
Para muchos residentes, esa explicación no basta. Los apagones ya no se ven solo como una consecuencia técnica del deterioro del sistema. También se perciben como una decisión de reparto que deja a las provincias en desventaja.
En un país con déficit diario, cada hora de electricidad se convierte en una señal política. Y en Matanzas, esa señal llega tarde, dura poco y deja demasiadas casas a oscuras.















