La negociación secreta entre Cuba y Estados Unidos incluyó una propuesta de Donald Trump para privatizar CUPET, abrir el sector energético al capital estadounidense y facilitar la salida de Miguel Díaz-Canel.
Los términos formaron parte de contactos discretos entre representantes de Washington y La Habana durante 2026. La iniciativa buscaba combinar cambios políticos con una transformación profunda del negocio petrolero cubano.
Según una investigación periodística divulgada esta semana, la negociación secreta entre Cuba y Estados Unidos terminó estancada. Las diferencias políticas en ambos países impidieron avanzar hacia un acuerdo.
La propuesta de Trump sobre CUPET
El plan contemplaba privatizar la Unión Cuba-Petróleo, conocida como CUPET. La empresa estatal controla actividades vinculadas con la exploración, refinación, almacenamiento y comercialización de combustibles en la isla.
La propuesta también permitiría la entrada de inversionistas estadounidenses al sector energético cubano. Ese acceso habría incluido negocios relacionados con petróleo, combustibles e infraestructura.
El proyecto pretendía reducir el control estatal sobre esta área estratégica y crear oportunidades para compañías de Estados Unidos. A cambio, Washington esperaba concesiones políticas de las autoridades cubanas.
Uno de los puntos centrales era facilitar la salida de Díaz-Canel. La negociación no implicaba, sin embargo, la desaparición inmediata de toda la estructura política vinculada a los Castro.
Presión petrolera sobre el Gobierno cubano
Los contactos ocurrieron después de la captura de Nicolás Maduro y del freno a los envíos venezolanos destinados al Gobierno cubano. La reducción de esos suministros agravó las dificultades energéticas de la isla.
La administración Trump bloqueó el acceso gubernamental al crudo venezolano, pero permitió ventas de combustible dirigidas al sector privado cubano. Esa política otorgó a Washington una herramienta adicional de presión.
En febrero de 2026, Estados Unidos abrió la posibilidad de exportar derivados del petróleo para actividades privadas y determinados usos personales o humanitarios. Las operaciones debían cumplir las restricciones estadounidenses vigentes.
Una empresa de Coral Gables llegó a negociar el uso de instalaciones de CUPET para almacenar combustible destinado a negocios privados. Autoridades estadounidenses advirtieron después que los contratos con entidades sancionadas requerían autorización.
Reformas económicas sin acuerdo político
El Gobierno cubano reconoció públicamente en marzo de 2026 que mantenía conversaciones con representantes de la administración Trump. Meses después anunció reformas para ampliar la participación privada y extranjera en sectores controlados por el Estado.
Entre las medidas presentadas en junio figuraban la venta de acciones de empresas estatales y la apertura de actividades energéticas al capital privado. También se plantearon nuevas reglas para inversiones extranjeras.
Esos anuncios coincidieron con el período de contactos, aunque La Habana defendió que las reformas no suponían abandonar el sistema socialista. Díaz-Canel rechazó públicamente aceptar condiciones políticas impuestas desde Washington.
La negociación secreta entre Cuba y Estados Unidos quedó afectada por la resistencia dentro del poder cubano y por las posiciones de sectores políticos de Miami. Los congresistas cubanoamericanos Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez han defendido una transición democrática como condición para normalizar las relaciones.
La propuesta sobre CUPET no derivó en el acuerdo buscado por la Casa Blanca. Las conversaciones permanecían muy estancadas en agosto, según declaraciones públicas de Díaz-Canel.

















