Los viajes de cubanos residentes en el exterior caen a 228 091 en 2025. Más allá del embargo, la crisis interna ahuyenta a los emigrados.
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) confirmó que solo 228 091 cubanos residentes en el exterior visitaron la isla en 2025, una caída de 66 725 viajeros respecto al año anterior.
El gráfico oficial de la institución confirma que la tendencia a la baja se ha vuelto crónica tras el breve repunte pospandemia de 2023, cuando se registraron 358 481 visitas. La versión estatal insiste en culpar de manera exclusiva a las sanciones de Estados Unidos como el factor externo que impacta las dinámicas de viaje.
Sin embargo, las propias estadísticas desmienten esa narrativa: en 2019, bajo un escenario de máxima presión diplomática de Washington, Cuba recibió el récord histórico de 623 972 emigrados.
La realidad detrás de los datos apunta hacia el colapso de los servicios básicos y la infraestructura dentro del archipiélago. Viajar a ver a la familia se ha transformado en un ejercicio de supervivencia por la falta crónica de combustible y alimentos. Para el cubano común, la llegada de un pariente ya no significa el disfrute de unas vacaciones, sino compartir la angustia de los apagones prolongados y la escasez de agua.
El costo de la nostalgia en un país en crisis
El bolsillo de la comunidad emigrada también dicta la pauta del distanciamiento físico. Ante la inflación descontrolada y el fracaso de las reformas monetarias gubernamentales, mantener una estancia en el país exige un gasto prohibitivo.
Muchas familias en el exterior concluyen que es más eficiente transferir el costo del boleto directamente en remesas o en compras a través de las tiendas virtuales controladas por el Estado.
A este panorama económico se suma el vacío demográfico provocado por el éxodo masivo de los últimos cuatro años. Con vecindarios enteros vacíos debido a las salidas por el parole humanitario y las rutas centroamericanas, los motivos para retornar se desvanecen.
Si los padres, hermanos o hijos ya lograron emigrar, el incentivo principal del viaje desaparece, consolidando un quiebre en el flujo de visitas del mercado más fiel que sostenía al turismo de la isla.













