La disponibilidad de cajeros automáticos en La Habana y el resto de Cuba ha disminuido drásticamente en los últimos años, profundizando la ya crítica escasez de efectivo que afecta a todo el país.
Actualmente, la capital cubana cuenta con cerca de 200 cajeros en funcionamiento, una cifra muy inferior a los más de 500 que existían anteriormente. Este descenso refleja no solo problemas técnicos y de mantenimiento, sino también decisiones estructurales dentro del sistema bancario.
El Banco Metropolitano implementó diversas medidas desde 2025 para sostener los servicios financieros en medio de un contexto adverso. Entre ellas destacan la digitalización de turnos mediante aplicaciones como Ticket y la integración de herramientas como Transfermóvil. Sin embargo, estas soluciones no han logrado compensar la falta de efectivo ni resolver las largas colas en sucursales y cajeros.
Uno de los factores clave que agrava la situación es la creciente demanda de dinero en efectivo. El aumento de los precios, los altos costos del transporte privado y la limitada aceptación de pagos digitales en el sector privado han hecho que los ciudadanos dependan cada vez más del dinero físico. En este escenario, la reducción de cajeros disponibles empeora el acceso a efectivo y aumenta la presión sobre los pocos puntos operativos.
A esto se suma el impacto de la crisis energética y del transporte, que ha dificultado tanto la operatividad de los bancos como el acceso de los clientes. Los apagones frecuentes afectan la conectividad y el funcionamiento de los cajeros, mientras que la escasez de combustible limita la movilidad de trabajadores y usuarios.
El vandalismo también ha jugado un papel importante en la disminución de cajeros. Para proteger los equipos, muchos han sido trasladados al interior de las sucursales, lo que reduce su disponibilidad fuera del horario bancario y concentra aún más la demanda en espacios ya saturados.
Entre apagones y escasez: el colapso de los cajeros en Cuba
Otro problema estructural es la falta de depósitos en el sistema bancario, debido a la baja actividad del comercio estatal. Esto limita la capacidad de reabastecer los cajeros, generando un ciclo en el que la escasez de efectivo se perpetúa.
Aunque se han instalado paneles solares y sistemas de respaldo energético en algunas sucursales, estas soluciones aún son insuficientes para garantizar un servicio estable. Mientras tanto, las colas continúan creciendo y el acceso al efectivo se convierte en una carrera diaria para miles de habaneros.
La reducción de cajeros automáticos en La Habana no solo es un síntoma de la crisis, sino también un factor que la agrava. Sin una solución integral que aumente la disponibilidad de efectivo y modernice los medios de pago, el problema seguirá afectando la vida cotidiana de la población.













