Extraer efectivo en Cuba: la prensa oficial se refiere a uno de los mayores problemas del día a día

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Conseguir dinero en efectivo se ha convertido en una tarea agotadora para miles de cubanos. El problema afecta las compras básicas, el pago de servicios y la actividad diaria de muchos negocios.

Un extenso artículo publicado por Cubadebate reconoce que la bancarización no ha reducido la dependencia de los billetes. En varias zonas del país ocurre exactamente lo contrario.

Veintitrés intentos y ninguna transferencia aceptada

El reportaje parte de la experiencia de una vecina de Alamar llamada Marcia. La mujer lleva anotadas 23 fechas diferentes.

En cada una intentó comprar mediante transferencia bancaria. En las 23 ocasiones, el negocio rechazó el pago electrónico.

La periodista visitó durante más de dos meses establecimientos ubicados en las zonas 6, 7 y 8 de Alamar. Recorrió más de 20 agromercados y mipymes.

La pregunta siempre fue la misma: “Buenas, ¿puedo pagar por transferencia?”. Las respuestas, según el artículo, formaron una cadena constante de negativas y justificaciones.

El problema ya no aparece como una situación aislada. En muchos negocios, aceptar únicamente efectivo se ha convertido en la práctica habitual.

El dinero está en la cuenta, pero no sirve para comprar

La situación golpea principalmente a trabajadores estatales y pensionados. Sus salarios y prestaciones llegan directamente a tarjetas bancarias.

Sin embargo, buena parte de los alimentos se vende en lugares donde exigen billetes. El cliente tiene dinero, pero no puede utilizarlo.

Para comprar arroz, carne, frutas o productos agrícolas, primero debe encontrar un cajero con efectivo. También puede acudir a una sucursal bancaria.

Ambas opciones suelen implicar largas colas. Además, muchas personas descubren al llegar que no queda dinero disponible.

El resultado es una contradicción evidente. El Estado deposita ingresos por vía electrónica, mientras numerosos comercios rechazan esa misma forma de pago.

“La tarjeta está llena” y otras explicaciones

Una de las excusas más repetidas es que la tarjeta del negocio está llena. Esa explicación no tiene una base técnica real.

Las tarjetas magnéticas no almacenan el dinero. Solo contienen los datos necesarios para identificar una cuenta bancaria.

Otros comercios limitan las transferencias a 1000 pesos por cliente. Ese monto resulta insuficiente ante los precios actuales de numerosos productos.

Una compra de alimentos puede superar fácilmente esa cantidad. El consumidor debe pagar una parte digitalmente y buscar efectivo para completar el importe.

También existen horarios restringidos. Algunos establecimientos aseguran que solo aceptan transferencias por la mañana o hasta las 12 del día.

En ocasiones, el supuesto límite se alcanza antes de las 10 de la mañana. El cliente nunca recibe una explicación clara sobre quién estableció ese tope.

Los apagones complican los pagos electrónicos

La falta de electricidad y los problemas de conexión representan obstáculos reales. Transfermóvil y EnZona dependen de las telecomunicaciones y del acceso a la red.

Un apagón puede impedir que el comprador genere el pago. También puede evitar que el comerciante confirme la operación.

Sin embargo, el reportaje señala que la explicación continúa incluso cuando hay electricidad. La crisis energética termina funcionando como una respuesta difícil de comprobar.

La inestabilidad del servicio perjudica además la confianza. Algunos vendedores temen entregar un producto sin verificar que el dinero llegó correctamente.

El comprador tampoco quiere transferir varias veces por error. Un fallo puede dejar el saldo retenido durante horas o días.

El problema comienza en los proveedores

La explicación más importante aparece cuando los comerciantes hablan de sus proveedores. Muchos mayoristas solo aceptan pagos en efectivo.

El pequeño negocio puede recibir transferencias de sus clientes. Sin embargo, después necesita billetes para reponer la mercancía.

Un emprendedor entrevistado por Cubadebate explicó que acepta pagos electrónicos. No obstante, solo puede pagar digitalmente algunos productos líquidos.

Refrescos, cerveza, agua y jugos figuran entre las pocas mercancías disponibles mediante transferencia. En otros casos, el proveedor exige efectivo.

Según su testimonio, los importadores necesitan comprar dólares para pagar mercancías en el extranjero. Por eso buscan recibir pesos cubanos en billetes.

El dinero digital queda atrapado dentro del sistema bancario. El comerciante no puede utilizarlo para adquirir las divisas requeridas por sus suministradores.

Los negocios tampoco consiguen retirar lo necesario

Los límites de extracción agravan el problema. Un negocio puede acumular una cantidad importante de dinero en su cuenta.

Sin embargo, no siempre puede retirar el volumen necesario para mantener sus operaciones. Las restricciones pueden ser similares a las de una persona natural.

El emprendedor entrevistado sostiene que una mipyme dispone de una cuenta fiscal. Aun así, el límite de extracción no responde a sus necesidades comerciales.

Ese desajuste empuja a numerosos vendedores a retener los billetes. Aceptar efectivo evita que el dinero entre en una cuenta de difícil acceso.

El comerciante necesita pagar transporte, proveedores, trabajadores y gastos cotidianos. Muchos de esos pagos continúan realizándose fuera del circuito electrónico.

El uso de cuentas personales y el control fiscal

El artículo también aborda el uso de códigos QR vinculados a cuentas personales. Algunos negocios no utilizan la cuenta fiscal registrada para su actividad.

Uno de los entrevistados reconoce que esa práctica facilita ocultar una parte de las ventas. También dificulta conocer los ingresos reales del establecimiento.

Según su declaración, cada propietario termina informando los ingresos que decide declarar. Las autoridades no siempre cuentan con mecanismos para comprobar todas las operaciones.

El empleo de cuentas personales reduce la transparencia. También complica cualquier intento de medir cuánto dinero mueve realmente el sector privado.

Sin embargo, los propios comerciantes insisten en que el problema no se resuelve únicamente con multas. Reclaman cambios en el funcionamiento del sistema bancario.

¿Qué piden los emprendedores?

Entre las propuestas aparece la reducción de las comisiones aplicadas a las extracciones. También reclaman límites diferentes para quienes demuestren necesidades comerciales.

Otra petición es obligar a los proveedores mayoristas a recibir transferencias. Sin ese cambio, el efectivo seguirá dominando toda la cadena.

El minorista depende del distribuidor. Si el mayorista exige billetes, el vendedor intentará conservarlos desde el momento de la venta.

La presión termina trasladándose al consumidor. Quien recibe su salario en una tarjeta queda en la posición más débil.

No puede exigirle al banco que entregue dinero inmediatamente. Tampoco puede obligar al comerciante a aceptar un código QR.

El Banco Central anuncia nuevas disposiciones

Cubadebate envió varias preguntas al Banco Central de Cuba. El cuestionario buscaba conocer los límites reales para trabajadores por cuenta propia.

También preguntó si esas cantidades están desactualizadas frente a los precios actuales. Otra duda abordó las comisiones y posibles beneficios para el sector.

La institución no ofreció respuestas concretas sobre cada punto. Informó que el Gobierno prepara nuevas decisiones relacionadas con el sistema bancario.

Según la respuesta citada, las normas vigentes continúan activas. No obstante, nuevas disposiciones serían divulgadas próximamente.

La falta de detalles deja abiertas las dudas principales. Comerciantes y ciudadanos desconocen cuándo cambiarán los límites o las condiciones de extracción.

La bancarización no redujo el uso de billetes

El Banco Central impulsó la bancarización en agosto de 2023. El objetivo declarado era ampliar los pagos electrónicos y disminuir la dependencia del efectivo.

En junio de 2024, Alberto Quiñones Betancourt, vicepresidente del Banco Central, defendió el derecho del consumidor a elegir la forma de pago.

“Ningún comercio se puede atribuir el derecho de no aceptar el pago por la vía que el cliente decida”, afirmó entonces.

Dos años después, el escenario descrito por la prensa oficial muestra una realidad diferente. Numerosos establecimientos imponen sus propias condiciones.

El efectivo no ha perdido importancia. Por el contrario, se ha convertido en una mercancía necesaria para acceder a otros bienes.

Casi seis veces más efectivo en circulación

Las cifras incluidas en el artículo ayudan a comprender la magnitud del fenómeno. En 2019, circulaban en manos de la población unos 59 493 millones de pesos.

En 2020, el efectivo representaba el 57,66 % del dinero disponible en el país. El resto permanecía depositado en cuentas bancarias.

Para 2022, la cantidad de billetes en circulación había alcanzado los 287 319 millones de pesos.

Cubadebate señala que, al cierre de 2024, el efectivo circulante llegó a 336 701 millones. La proporción alcanzó el 72,62 % de la liquidez nacional.

Según esos datos, el papel moneda ganó terreno frente a los depósitos bancarios. El proceso avanzó pese a las medidas destinadas a fortalecer los pagos digitales.

El artículo describe esta situación como una desbancarización de hecho. La población prefiere conservar dinero fuera del banco siempre que puede.

La inflación obliga a manejar más billetes

La inflación también influye en el aumento del efectivo. Cada compra requiere cantidades mayores de pesos cubanos.

El reportaje menciona una variación mensual del Índice de Precios al Consumidor del 2,19 %. La variación interanual se sitúa en 13,42 %.

Una misma cantidad de alimentos cuesta cada vez más. Por tanto, los consumidores necesitan retirar mayores sumas para cubrir necesidades similares.

Los límites bancarios pierden efectividad cuando los precios aumentan rápidamente. Una cifra que antes permitía comprar durante varios días ahora puede agotarse en una sola operación.

El problema se vuelve más grave para los pensionados. También afecta a quienes dependen exclusivamente de un salario estatal.

Alamar funciona como muestra de un problema nacional

El artículo utiliza Alamar como punto de observación. Sin embargo, advierte que el fenómeno aparece en otros municipios habaneros.

El Cerro, Marianao, Diez de Octubre y Guanabacoa presentan situaciones parecidas. También existen reportes en Santiago de Cuba, Camagüey y Holguín.

Las explicaciones cambian poco de una provincia a otra. El comerciante pide efectivo porque su proveedor también lo exige.

El consumidor intenta retirar dinero porque el comercio no acepta la transferencia. El banco limita la extracción porque no dispone de suficiente liquidez.

Cada participante empuja el problema hacia el siguiente eslabón. Al final, la persona que necesita comprar alimentos asume las consecuencias.

La fiscalización sigue siendo insuficiente

En redes sociales, numerosos usuarios preguntan quién controla el cumplimiento de las normas. También reclaman inspecciones y sanciones.

La presencia de códigos QR no garantiza que el pago electrónico funcione. Algunos comercios los exhiben, pero restringen su uso.

Otros aceptan transferencias únicamente para importes pequeños. Esta práctica deja al comprador sin una alternativa real.

Cubadebate considera necesario reforzar la fiscalización inmediata. La supervisión debería comprobar si los establecimientos respetan el derecho del cliente.

Sin embargo, castigar al minorista no resuelve el problema completo. La cadena mayorista y el acceso bancario al efectivo también necesitan cambios.

Modernizar los bancos no será suficiente

El Gobierno ha prometido bancos más ágiles, digitales y cercanos a la población. También anunció medidas con responsables, plazos e indicadores.

La modernización tecnológica puede reducir algunas dificultades. No obstante, la falta de billetes y la inflación tienen raíces más profundas.

También será necesario reorganizar el mercado mayorista. Los proveedores deben contar con vías legales para operar sin depender exclusivamente del efectivo.

El sistema bancario tendrá que responder a las necesidades reales de los negocios. Una cuenta empresarial no puede funcionar con límites desconectados del volumen de ventas.

Mientras eso no ocurra, muchos comerciantes seguirán rechazando transferencias. Cada pago digital puede convertirse después en dinero imposible de retirar.

El consumidor queda atrapado al final de la cadena

La persona que cobra mediante una tarjeta no controla ninguna parte del proceso. Depende del banco, del cajero, del comercio y del proveedor.

No puede importar mercancías ni acceder directamente a divisas. Tampoco puede esperar semanas para comprar alimentos.

La situación transforma una operación cotidiana en un recorrido agotador. Cobrar, retirar y pagar se convierten en pasos separados y difíciles.

El dinero depositado legalmente en una cuenta pierde utilidad cuando el ciudadano no puede convertirlo en productos básicos.

Ese es uno de los principales reconocimientos del artículo publicado por Cubadebate. La crisis del efectivo ya no afecta solo al sistema bancario.

También determina quién puede comprar, cuándo puede hacerlo y cuánto tiempo debe dedicar a conseguir sus propios fondos.


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