La obtención del pasaporte para menores en Cuba hoy no depende solo del deseo de emigrar, sino de un estricto consenso legal que, de romperse, termina obligatoriamente en los tribunales de familia.
El flujo migratorio actual ha puesto bajo la lupa las autorizaciones notariales para niños y adolescentes. Según datos del Bufete de Servicios Especializados (BES) de Villa Clara, la potestad es compartida: para que un menor tenga pasaporte o cruce la frontera, necesita el «sí» de ambos padres ante notario, sin importar quién ostente la custodia física.
Cuando comienzan los problemas
El conflicto surge cuando uno de los progenitores se encuentra fuera de la isla o, simplemente, se niega a firmar. En Cuba, el apellido no dicta la norma, sino la filiación legal. Si el padre está reconocido en la certificación de nacimiento, su firma es obligatoria.
Ante la negativa, la solución no es administrativa, sino judicial. El padre interesado debe contratar un abogado de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos (ONBC) para iniciar un proceso de «ejercicio unilateral de la Responsabilidad Parental». Es un juez quien, tras evaluar el interés superior del menor, decide si rompe el veto del padre ausente o renuente para permitir la salida.
Entre trámites y legalizaciones
Existe una distinción técnica que confunde a las familias. Para solicitar el pasaporte dentro de la isla, el documento notarial no requiere cuños adicionales. Sin embargo, como alerta el catálogo oficial del BES, para que ese menor pueda abordar un avión y ser admitido en otro país, la autorización sí debe estar legalizada por el Ministerio de Justicia (MINJUS).
Para quienes residen en el exterior, la gestión se traslada a los consulados cubanos. Aunque estos documentos son válidos en Cuba, su uso internacional exige el paso por el MINJUS para cobrar validez fuera del archipiélago.
En un escenario donde la seguridad fronteriza contra la sustracción de menores se ha vuelto prioridad global, el costo de un error en el papeleo puede significar perder un boleto de avión o quedar atrapado en un litigio de meses. La ley cubana es clara: sin consenso o sentencia, el menor no se mueve.












