La venta de combustible en Cuba entró en una nueva etapa este viernes, pero el cambio no llegó como alivio para la mayoría de los conductores.
La novedad no solo estuvo en las tablillas de las gasolineras estatales, sino también en la entrada de empresas privadas a un mercado hasta ahora controlado por el Estado.
EFE pudo constatar que algunas empresas privadas cubanas comenzaron a comercializar combustibles, con precios superiores a los de los servicentros estatales y con un proceso mucho más complicado para los compradores.
Empresas privadas venden combustible con contratos previos
El nuevo esquema no funciona como una venta directa en una gasolinera común. Según comprobó EFE, los interesados deben acudir primero a las oficinas de estas empresas privadas para firmar un contrato de adquisición.
En algunos casos, el acuerdo exige comprar un volumen mínimo de 500 litros. Después de completar ese trámite, el cliente debe ir a una gasolinera asignada para repostar.
La operación puede hacerse varias veces hasta consumir la cantidad comprada. Es decir, el comprador no solo paga más caro, sino que también debe cumplir pasos administrativos antes de acceder al combustible.
Los precios observados en el sector privado son especialmente altos. El litro de diésel se vende entre 3 y 4 dólares, por encima de los valores aplicados en la red estatal.
Las gasolineras estatales también suben los precios
El cambio coincidió con la entrada en vigor de los nuevos precios flotantes en las gasolineras estatales. Desde el 15 de mayo, los valores en divisas dejaron de ser fijos y comenzaron a depender de los costos reales de cada operación de importación.
En las tablillas de los servicentros se observó un aumento notable respecto al día anterior. La gasolina especial B94 pasó de 1.30 dólares por litro a 2 dólares. La gasolina regular B90 quedó en 1.90 dólares, mientras la gasolina motor B83 subió de 0.95 dólares a 1.80 dólares.
El diésel regular, que antes aparecía a 1.10 dólares por litro, pasó a venderse a 2 dólares. En el caso de la gasolina súper especial B100, el precio minorista llegó a 2.60 dólares por litro, según los nuevos valores reportados.
Un mercado más caro y menos accesible
La medida marca un giro importante, porque abre espacio al sector privado en la comercialización de combustibles. Sin embargo, el efecto inmediato parece limitado para la población.
La mayoría de los cubanos cobra en pesos, pero el combustible se vende en divisas. Eso convierte cada litro en un gasto difícil de asumir para trabajadores estatales, transportistas y familias que dependen de vehículos para resolver necesidades básicas.
Con un salario medio de 6930 CUP, el costo de apenas varios litros puede absorber una parte considerable del ingreso mensual. Para muchos conductores, llenar un tanque queda fuera de cualquier cálculo razonable.
La escasez sigue marcando la realidad
Aunque los precios cambiaron, la disponibilidad continúa siendo el principal problema. Varias gasolineras estatales permanecían vacías o con poca actividad, una imagen que se repite desde hace meses en medio de la crisis energética.
El Gobierno cubano justificó los nuevos precios por el aumento de los costos de importación, los fletes, los seguros, las rutas de suministro y las variaciones del mercado internacional. También reconoció que ya no puede sostener un precio único en dólares para todo el país.
La entrada de privados puede ayudar a ciertas empresas, transportistas o negocios con acceso a divisas. Pero para la mayoría de la población, el combustible sigue lejos del bolsillo.
La diferencia entre el precio estatal y el privado también abre otra preocupación. Si el litro de diésel puede llegar a 4 dólares en manos de empresas privadas, ese costo terminará trasladándose al transporte, los alimentos, los servicios y otros productos básicos.
Impacto directo sobre el transporte y los precios
El encarecimiento del combustible golpea a un país donde ya escasean los ómnibus, los taxis operan con tarifas elevadas y muchas actividades económicas dependen del diésel.
Las mipymes, los transportistas privados y los productores que logren comprar combustible a estos precios tendrán que ajustar sus costos. Eso puede reflejarse en nuevas subidas para los consumidores.
La liberalización parcial abre una puerta que hasta hace poco parecía cerrada. Pero llega en un momento de apagones prolongados, falta de reservas y fuerte presión sobre la economía doméstica.
Para los cubanos de a pie, el cambio tiene una lectura sencilla: hay más actores vendiendo combustible, pero no necesariamente más acceso. Y cuando aparece, cuesta mucho más.















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