Paneles solares en Cuba: privados pagan veladores nocturnos para evitar robos mientras crece la desigualdad energética.
La expansión de los paneles solares en Cuba está creando una nueva realidad en medio de la profunda crisis energética que atraviesa el país: quienes tienen recursos para instalar sistemas fotovoltaicos en sus viviendas o negocios también deben preocuparse por protegerlos de posibles robos.
En algunos repartos de La Habana, propietarios de instalaciones solares han comenzado a contratar veladores nocturnos para vigilar los paneles y otros equipos instalados en los techos, según describe un reportaje publicado por OnCuba.
La medida refleja hasta qué punto la búsqueda de alternativas privadas frente a los apagones está generando nuevas necesidades y gastos para quienes consiguen acceder a esta tecnología.
El problema tiene una doble dimensión. Por un lado, los paneles solares representan una alternativa frente a los constantes cortes eléctricos y la inestabilidad del sistema energético cubano.
Por otro, su elevado precio los convierte en una solución al alcance de una minoría, principalmente personas con ingresos en divisas, familiares en el exterior o negocios privados capaces de generar suficientes recursos.
¿Cuánto cuestan los paneles solares en Cuba?
Los precios muestran con claridad la brecha existente. Entre las ofertas mencionadas en el reportaje aparecen sistemas solares con inversores, baterías y paneles que pueden superar ampliamente los 4.000 dólares, mientras que las soluciones de mayor capacidad llegan a superar los 14.000 dólares.
Una de las alternativas integrales más económicas citadas tiene un precio de alrededor de 4.580 dólares, e incluye un inversor de 3 kW, una batería de 5,12 kWh y cuatro paneles solares de 600 W.
También existen opciones para quienes únicamente buscan adquirir paneles. Algunas ofertas sitúan determinados módulos de entre 450 y 575 vatios en varios cientos de dólares por unidad.
Aunque estos precios pueden parecer competitivos dentro del mercado internacional de la energía solar, representan cantidades extraordinariamente elevadas para una familia cubana cuyos ingresos dependen fundamentalmente de salarios pagados en pesos.
La situación se vuelve todavía más compleja cuando se añaden los costos de instalación, mantenimiento, baterías, inversores y, en algunos casos, la contratación de personal para vigilar los equipos durante la noche.
Los paneles solares se convierten en un símbolo de desigualdad en Cuba
La crisis eléctrica ha provocado que disponer de una fuente independiente de generación deje de ser solamente una cuestión de comodidad.
Para una familia que enfrenta apagones prolongados, tener paneles solares y baterías significa poder mantener funcionando algunos equipos esenciales, cargar teléfonos, conservar alimentos y disponer de iluminación cuando el sistema eléctrico nacional no responde.
Sin embargo, el acceso a esa solución depende cada vez más de la capacidad económica.
Quienes reciben remesas, tienen negocios privados, ingresos en moneda extranjera o familiares en Estados Unidos y otros países pueden encontrar mayores posibilidades para financiar una instalación. Para buena parte de los trabajadores que dependen exclusivamente de un salario estatal, la compra de un sistema solar completo resulta prácticamente inalcanzable.
Así, el sol está disponible para todos los cubanos, pero la posibilidad de convertir su energía en electricidad doméstica no lo está.
La seguridad se convierte en otro gasto
La instalación de paneles en los techos también plantea un problema adicional: la seguridad.
Los módulos fotovoltaicos, baterías e inversores tienen un valor elevado y pueden convertirse en objetivos atractivos para los delincuentes. Por eso algunos propietarios recurren a medidas adicionales para proteger sus inversiones.
Entre ellas aparece la contratación de veladores nocturnos, personas encargadas de permanecer durante la noche vigilando las instalaciones.
La paradoja es evidente: después de realizar un enorme esfuerzo económico para conseguir una alternativa a los apagones, algunos propietarios tienen que asumir un gasto adicional para evitar perderla.
El fenómeno también puede convertirse en una nueva forma de empleo informal dentro de una economía marcada por la pérdida de poder adquisitivo y la expansión de actividades privadas.
El crecimiento de este mercado no puede separarse de la crisis energética cubana.
Los prolongados apagones, las dificultades con el combustible, el deterioro de las termoeléctricas y la falta de capacidad suficiente de generación han llevado a muchas familias y negocios a buscar soluciones individuales.
En ese contexto han ganado espacio empresas y vendedores privados que comercializan paneles solares, inversores, baterías y sistemas completos de generación fotovoltaica.
La energía solar se presenta así como una respuesta privada a un problema que durante décadas estuvo prácticamente monopolizado por el sistema eléctrico estatal.
Pero la expansión del mercado no significa que exista un acceso generalizado. Al contrario, los precios actuales muestran que la transición hacia soluciones individuales puede estar profundizando las diferencias entre los cubanos.

















