Apagones en Cuba: una madre pasa la noche abanicando a su hija de 4 años por falta de electricidad

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Una madre cubana contó en redes sociales una escena que resume el desgaste que viven muchas familias durante los apagones. No habló de estadísticas ni de reportes técnicos, sino de una noche sin corriente, calor, mosquitos y una niña pequeña intentando ahorrar la carga de un ventilador.

La publicación, acompañada por la imagen de un ventilador recargable sobre una caja de cartón, muestra cómo la crisis eléctrica ya no solo altera rutinas. También está cambiando la infancia de muchos niños en Cuba.

Más de 30 horas sin electricidad

La mujer explicó que llevaban más de 30 horas sin electricidad. Según su relato, 2 días antes habían puesto la corriente apenas durante 2 horas, un tiempo insuficiente incluso para cargar un teléfono móvil.

Como muchas madres en Cuba, corrió a conectar lo más necesario. En su caso, el ventilador recargable de su hija. Pero la batería ya estaba casi agotada por tantas horas de uso y tan poco tiempo de carga.

“Con ese poco tiempo y una batería muerta luego de horas y horas sin electricidad no carga nada”, escribió la madre.

Esa tarde llovió fuerte y pensó que la noche sería más fresca. Sin embargo, el alivio duró poco. A medianoche, según contó, el calor volvió a sentirse dentro de la casa.

Una caja convertida en ventilador

La madre relató que tuvo que levantarse de madrugada, romper una caja de cartón y pasar la noche abanicando a su hija. La niña lloraba por el calor y los mosquitos.

La escena parece doméstica, pero refleja una realidad cada vez más común. En muchos hogares cubanos, las familias dependen de ventiladores recargables, lámparas de emergencia y baterías externas para resistir los apagones.

Cuando esos equipos se descargan, queda poco margen. Las noches se vuelven más largas, sobre todo para quienes tienen niños pequeños, ancianos o personas enfermas en casa.

La frase de una niña que hizo llorar a su madre

Al día siguiente, cuando volvió la electricidad por más tiempo, el ventilador logró cargar. Esa noche, la niña pudo dormir con algo de alivio.

Pero en la mañana ocurrió algo que marcó a la madre. Mientras estaba en el baño, escuchó que alguien apagaba el ventilador. Pensó que la niña estaba jugando y le llamó la atención.

La respuesta de la pequeña, de solo 4 años, la dejó destruida: “No mami, solo lo apagué para que no se me acabe la carga, para que tú no tengas que echarme aire con tu ventilador”.

La madre contó que se echó a llorar. Para ella, esa frase mostró hasta qué punto los niños están entendiendo una crisis que no deberían cargar sobre sus hombros.

Niños obligados a resistir

La publicación denuncia que los niños cubanos están aprendiendo a vivir entre apagones, calor, miedo y cansancio. También ve a sus padres agotados, alterados y sin respuestas claras ante una situación que se repite.

“Esta crisis está forzando a nuestros niños a crecer sin infancia”, escribió la mujer.

La frase conecta con una preocupación extendida entre muchas familias cubanas. Los apagones no solo afectan la conservación de alimentos, el descanso o el trabajo. También golpean la salud emocional de los hogares.

Los niños dejan de ver la electricidad como algo normal. Aprenden a ahorrar batería, a dormir con calor y a esperar la corriente como si fuera una suerte.

Una historia que se repite en muchas casas de Cuba

El testimonio se ha compartido como una imagen de la vida cotidiana en la isla. No es una queja aislada. Es la experiencia de hogares donde cada hora sin electricidad reorganiza la comida, el sueño, la higiene y la paciencia familiar.

La madre recordó una frase de José Martí: “Los niños son la esperanza del mundo”. Luego añadió una reflexión dura sobre lo que ve a su alrededor: niños creciendo sin esperanza.

Su historia no necesita grandes adornos. Una niña de 4 años apagando un ventilador para ahorrar carga dice mucho más que cualquier explicación técnica.


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