Un noruego manejó un taxi en Cuba y reveló: "Hay una desesperación salvaje"

Un noruego manejó un taxi en Cuba y reveló: «Hay una desesperación salvaje»

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Es noruego y vivió como cubano más durante años y ahora expone la verdad detrás de la crisis: “Hay una desesperación salvaje”. Todos los detalles de inmediato.

El antropólogo noruego Ståle Wig llegó a Cuba en 2014 casi por casualidad, pero terminó viviendo una experiencia que transformaría su vida y su carrera. Su libro Taxi Havana es hoy uno de los testimonios más crudos sobre la realidad cotidiana en la isla, marcada por la crisis económica, la censura y un creciente éxodo de jóvenes.

Durante su estancia en La Habana entre 2015 y 2018, Wig decidió ir más allá del enfoque académico tradicional.

Compró un coche y trabajó como taxista, una estrategia que le permitió conocer de primera mano las historias, miedos y contradicciones de los cubanos. “Para entender Cuba tienes que vivirla”, sostiene.

Su relato describe una sociedad atravesada por la vigilancia estatal, donde las conversaciones pueden ser escuchadas y la autocensura es parte de la vida diaria.

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También expone la dualidad de muchos ciudadanos, como Catalina —uno de los personajes centrales—, quien declara lealtad al sistema pero, en privado, reconoce el desgaste y la falta de futuro.

El contexto en el que se desarrolla la historia está marcado por el histórico anuncio de acercamiento entre Barack Obama y Raúl Castro en 2014, un momento que generó expectativas de cambio.

Sin embargo, según Wig, esa “ilusión” se desmoronó con el paso del tiempo, especialmente tras las protestas del 11 de julio de 2021, que derivaron en una fuerte represión y más de mil presos políticos.

El libro también refleja el impacto del éxodo masivo: en apenas dos años, millones de cubanos abandonaron el país. “El futuro se transformó, no en otro tiempo, sino en otro lugar”, resume el autor.

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A su regreso en 2021, Wig encontró una Cuba más deteriorada, con apagones prolongados, escasez generalizada y una sensación de desesperanza profunda. “Salí con el corazón roto”, afirma, tras haber sido testigo de una realidad que, lejos de mejorar, parece haberse agravado.

Su experiencia no solo ofrece una mirada íntima sobre la vida en Cuba, sino que también plantea una reflexión sobre los límites de la esperanza en contextos autoritarios y la resiliencia de una sociedad que, pese a todo, sigue buscando sobrevivir.


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