Los nuevos Mercados de Barrio avanzan por varias provincias de Cuba con una promesa que toca directamente el bolsillo: vender determinados productos básicos a precios inferiores a otros segmentos del mercado.
Pero la discusión ya no gira solamente alrededor del porcentaje de rebaja. La pregunta que se repite entre consumidores es mucho más sencilla: ¿de qué sirve pagar 10 % o 15 % menos si el precio de partida ya resulta inalcanzable para buena parte de la población?
La preocupación aparece también en la propia prensa oficial.
Más baratos no significa asequibles
Granma informó recientemente que ya funcionan 37 Mercados de Barrio en varias provincias.
El proyecto busca comercializar una selección de alimentos y artículos de aseo con precios alrededor de un 15 % inferiores a los existentes en otros segmentos.
Sin embargo, el reportaje recogió la preocupación de consumidores que reconocen una diferencia importante entre encontrar algo más barato y poder pagarlo.
Uno de los entrevistados resumió la situación con una frase clara: “productos menos caros, no asequibles”.
La observación apunta directamente a trabajadores estatales y jubilados, cuyos ingresos continúan muy alejados de muchos precios actuales.
¿Qué significa realmente una rebaja del 15 %?
Ese es precisamente uno de los puntos que más comentarios genera en redes sociales.
Usuarios han hecho cálculos sencillos para mostrar el problema. Si un producto cuesta varios miles de pesos, una reducción del 10 % o 15 % puede dejar todavía un precio muy alto frente a una pensión o un salario estatal.
En los comentarios revisados aparecen ejemplos con aceite, arroz, azúcar, pollo, leche en polvo y huevos.
Algunas personas aseguran que en mercados ya abiertos han encontrado diferencias pequeñas respecto a mipymes y otros puntos privados. Otros afirman haber visto incluso artículos con precios similares o superiores.
Se trata de testimonios publicados en redes sociales y no de una comprobación general de todos los establecimientos. Pero la repetición de la misma preocupación muestra dónde está puesta ahora la atención de numerosos consumidores.
Jubilados preguntan qué podrán comprar
Los jubilados aparecen entre quienes expresan mayor inquietud.
Muchos cuestionan cuánto puede representar una rebaja limitada cuando una parte considerable de la pensión puede gastarse en apenas uno o dos productos.
La discusión se vuelve especialmente sensible con alimentos de consumo diario.
En redes sociales, algunos pensionados explican que comprar aceite, arroz, huevos o leche puede consumir una proporción muy elevada de sus ingresos mensuales.
Por eso, el reclamo no se limita a tener mercancías cerca de casa. El problema es poder adquirirlas.
También preocupa el abastecimiento
El precio no es la única interrogante.
La propia cobertura de Granma reconoce que algunos establecimientos todavía no cuentan con la mayoría de los productos previstos.
También existen dificultades con contratos, reposición y estabilidad en el suministro.
Los Mercados de Barrio utilizan bodegas, carnicerías, mercados y otros locales seleccionados de la infraestructura comercial existente.
La idea oficial es acercar productos de primera necesidad y aprovechar espacios cerrados, subutilizados o con poca actividad.
¿Quién impedirá que terminen en la reventa?
Otra preocupación recurrente es el acaparamiento.
Usuarios preguntan qué mecanismos impedirán que personas con mayor capacidad económica compren cantidades importantes para luego revenderlas.
También hay muchas dudas sobre los pagos electrónicos.
Numerosos trabajadores cobran mediante cuentas bancarias y reclaman que estos mercados acepten transferencias sin recargos ni restricciones.
El abastecimiento estable, el control sobre la reventa y las formas de pago pueden terminar siendo tan importantes como el porcentaje anunciado de rebaja.
El proyecto ya pasó de 24 establecimientos inicialmente divulgados a 37 reportados por Granma.
Ahora la discusión se desplaza hacia un punto más difícil: comprobar si el nuevo modelo consigue vender a precios que realmente puedan pagar quienes viven de un salario o una pensión en pesos cubanos.

















